Viernes, 12 de Julio 2024

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Gabriel Zaid

Por: María Palomar

Gabriel Zaid

Gabriel Zaid

El 24 de enero se cumplieron ochenta años del nacimiento, en Monterrey, de Gabriel Zaid, personaje por cuya vida y obra hay que dar gracias. Estos días debe estar bastante molesto de ver cuántas veces aparece su nombre en los periódicos, algo a lo cual es casi literalmente alérgico. Pero pocos homenajes pueden ser más justos que los que se rindan a Zaid, por su obra igualmente deslumbrante en la poesía y el ensayo, pero también por su vida, modelo de dignidad, modestia, honradez e inteligencia.

Ya se ha escrito mucho en honor de Zaid estos días, pero probablemente el mejor homenaje es el que le hace en su blog Jesús Silva-Herzog* al permitir la lectura de aquella carta que escribió el regiomontano a Carlos Fuentes a principios de los setenta. La carta es un modelo de lógica, de pensamiento democrático y de valentía, pues no estaban los tiempos de Echeverría como para andar de criticones, sino más bien de zalameros, como Fuentes y tantos más.

Gabriel Zaid escribe para que lo lean, no para ser famoso. Su legendaria discreción hace que se cuenten con los dedos de una mano las entrevistas que ha dado, y que sea reacio a dejarse fotografiar y a aparecer en público.
En Letras Libres, un artículo reciente** comenta esta actitud invariable de Zaid y la ilustra con una foto de 1975, donde aparecen quienes entonces hacían la revista Plural del Excelsior: Octavio Paz, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Alejandro Rossi, Tomás Segovia, José de la Colina, Kazuya Sakai... y Gabriel Zaid, que se tapa la cara con la revista. Zaid considera que lo que tiene que decir está en su escritura, y para poder escribir como cree que lo merece el lector hay que dedicar el tiempo a hacerlo, no a pasearse por las ferias y las presentaciones de libros. En “El secreto de la fama”, ensayo que da su título a un libro reciente que recopila diecinueve textos bastante breves, Zaid retoma el argumento de Descartes de que la fama “es contraria al sosiego, que tengo en más que todas las cosas”, y añade: “nótese que el argumento no es moral (buscar la fama es indigno de los altos valores del Espíritu), sino puramente práctico (no vale lo que cuesta)”.

Posiblemente lo que hace diáfanas y precisas tanto la poesía como la prosa de este ingeniero artista sea el silencio buscado y conquistado en su vida diaria como requisito para su obra. Leer a Zaid, quizás el más excéntrico de los escritores vivos de México, es el antídoto y el contraejemplo para una época de ruido incesante.
Los sobresaltos y escándalos cotidianos impiden ver el sentido real de las cosas y del mundo; las agresiones continuas y “multimedia” de la vida diaria sólo se combaten en ese espacio donde reina el silencio y es posible pensar, leer y escribir:

Viñas, las del silencio.
Viñas, las de las palabras
cargadas de silencio.

(“Nocturno”)

*http://www.andaryver.mx/ideas/gabriel-zaid-carta-a-carlos-fuentes/

**http://www.letraslibres.com/blogs/polifonia/la-fama-esa-cosa-de-encantamiento?page=full

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