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Jueves, 17 de Enero 2019

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Evita Perón en Guadalajara (1980?)

Por: Juan Palomar

Evita Perón en Guadalajara (1980?)

Evita Perón en Guadalajara (1980?)

Faye Dunaway era Evita. Su belleza evanescente estuvo en la ciudad durante algunas semanas, mientras duró la producción de una película destinada a su difusión por la televisión. Al día de hoy, apenas y se encuentra alguna referencia sobre el filme, y es difícil lograr verlo.

Lo que ciertamente es ya imposible es ver los escenarios tapatíos principales en los que esta película fue rodada: el área circundante a Pedro Moreno y Escorza. La época que se buscó recrear para la producción era el Buenos Aires de los años cuarenta. Para ello, la zona elegida era más que apropiada. La Escuela de Música y el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, el Cine Reforma con su notable Art-Deco, las fincas de la cuadra por Escorza entre Pedro Moreno y Juárez: un pequeño edificio del mismo estilo, otra casa Art Deco y la gran y muy bonita casa morisca de la esquina con Juárez de la autoría de Pedro Castellanos. En la cuadra de Pedro Moreno –entre Tolsa y Escorza- existían en buen estado una serie de casas tradicionales.

Eso era en 1980. En diciembre de ese año fue demolida la Escuela de Música. El cine Reforma fue primero disfrazado de castillito dizque por haber sido especializado en cine para niños; más tarde fue derruido y convertido en un estacionamiento de piso. El edificio de enfrente (esquina suroriente de Pedro Moreno y Escorza) fue demolido también y sustituido por uno más alto, totalmente desprovisto de interés. La cuadra de Pedro Moreno, entre Tolsa y Escorza, está gravemente deteriorada. Resultado: se acabó el entorno urbano.

No es que fuera una especial prenda que el rumbo se pareciera a Buenos Aires. El asunto es que era una zona patrimonial, consolidada en su imagen urbana, consistente y armoniosa. Y es un buen ejemplo de lo que ha pasado con decenas de contextos tapatíos durante las últimas décadas. La Escuela de Música y sus alrededores, incluyendo al Paraninfo, el Templo Expiatorio y su particular barrio, las manzanas que separan a éste del Parque de la Revolución, forman (o formaban) un entorno construido excepcional y muy característico de la evolución de la arquitectura de Guadalajara entre 1935 y 1950.

El punto central de estas líneas es que, en la medida de lo posible, mucho de este entorno podría ser recuperado y puesto en valor. Se necesita que las autoridades se planteen el problema correctamente, que busquen el concurso de los propietarios con estímulos adecuados y que coordinen a las propias instancias oficiales.

Las acciones a efectuar son sencillas: buscar que los usos de los inmuebles estén bien regulados, alentar la ocupación de lo que está vacante, corregir, resanar y pintar las fachadas; ocultar las diversas instalaciones aéreas, racionalizar las secciones de las calles ampliando y arbolando las banquetas. En pocas semanas, de tener un rumbo decadente e inarmónico, obtendríamos un entorno construido del que propios y extraños podrían sentirse orgullosos. Y se resaltarían y preservarían obras patrimoniales de una pléyade de ingenieros y arquitectos de la época: Luis Barragán, Ignacio Díaz Morales, Rafael Urzúa, Pedro Castellanos, Juan Palomar y Arias, Juan José Barragán, Enrique Ladrón de Guevara, Miguel Aldana Mijares…

La misma operación puede (y debe) repetirse en múltiples entornos de Guadalajara. La belleza y utilidad de los resultados nos dejarían estupefactos, y cada vez más entusiasmados por la renovación de la ciudad.
 

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