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Es Volcán de Colima, no 'Volcán El Colima'

Los jaliscienses, fieles a su tradición de cambiarle el nombre a las cosas, insisten de manera denodada en llamarle “Volcán El Colima” al Volcán de Colima. Posiblemente cierto ánimo de reivindicación territorial haga que exista un rechazo a llamar al coloso de fuego por su verdadero nombre. Sin embargo, por más que le llamen así, no van a lograr que lo que antes era el partido de Colima en la Intendencia de Guadalajara, pase ahora a ser parte del territorio del Estado de Jalisco, si es que ese fuera el interés.

Si en Jalisco se dice ocupo, en vez de necesito; ey, en lugar de sí, o para “dar el avión”; cerquitas o cercas, en vez de cerca; trucha, por querer decir listo; virote, en lugar de bolillo o pan blanco; panocha, no piloncillo; edá en vez de verdad; charpear, no salpicar;  ira, por decir mira,  etc., ; y si a todos los objetos se le llama con diminutivo (fiestecita, vueltita, cigarrito), no es extraño que se intente ahora cambiar el nombre de algo que desde hace casi 500 años se le llama así.

Sólo en Jalisco al Volcán de Colima se le pone apodo: “Volcán El Colima”. La insistencia en hacerlo no tiene fundamento o causa aparente que lo motive. Bueno fuera que los que persisten en cambiarle el nombre explicaran las razones para hacerlo. Malo si sólo fuera por inercia o moda.

Si el Volcán de Colima es “Volcán El Colima”, entonces en Jalisco debería cambiarse también el nombre a otros volcanes: el Pico de Orizaba debería llamarse ahora “Pico El Orizaba” –así, aunque suene a albur–; el Nevado de Toluca, sería “Nevado El Toluca” —como si fuera algún vago, equipo de futbol o nevería—; el Cofre de Perote, tendría que ser “Cofre El Perote”; y el Volcán de Tequila, como “Volcán El Tequila”, etcétera.

La orografía no conoce de divisiones político-administrativas. Nos guste o no el Volcán de Colima debe su nombre a la ciudad que más cerca (ojo: no cercas, ni cerquitas) está de él, y cuyo nombre le fue dado el 25 de julio de 1523 por el capitán Gonzalo de Sandoval, quien por órdenes de Hernán Cortés funda una villa que debía llamarse Collimán, nombre del reino que —asentado en el actual Valle de Tecomán— era dominado por el Hueytlatoani Colímotl o Rey Colimán, y que llegaba hasta los actuales municipios jaliscienses de Zapotlán y Autlán.     

Colímotl fue símbolo de la resistencia de los pueblos originarios a la Conquista. Vencedor de tres enviados de Cortés (Juan Rodríguez, Francisco Álvarez Chico, y Cristóbal de Olid), siendo finalmente derrotado y muerto por Gonzalo de Sandoval.

Posteriormente, cuando la Nueva Galicia o Intendencia de Guadalajara, es declarada  Estado Libre de Xalisco por Luis Quintanar, el 16 de junio de 1823—siendo la primer Provincia en hacerlo—, Colima era uno de los 26 partidos en que ésta se dividía. Cuatro días después, los colimenses, al mando del coronel Anastasio Brizuela, aprovechan la ocasión para segregarse de Xalisco, y quitarles a los federalistas la salida al mar por el Puerto de Manzanillo.

El reino de Collimán abarcaba lo que hoy es el Sur de Jalisco; fue anterior a la Intendencia de Guadalajara y al Estado de Xalisco. De esa historia, ni el Volcán, ni el Rey Colímotl tienen la culpa. Respetémoslos.

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