Supongo que el ayuntamiento zapopano no dará su brazo a torcer reconociendo que su vía “recreactiva”, invadiendo una importante arteria citadina durante todo el tiempo que dura una jornada laboral de un burócrata que se precie, ha resultado un auténtico fracaso.Pueden pasarle al señor presidente municipal los números que les dé la gana a sus inventores y organizadores, pero la observación a simple vista de no pocos vecinos es más que obvia. Es el caso de que son unos cuantos quienes dan lugar al perjuicio de muchos.Tal vez se requiera más valentía que la posible para reconocer que la idea no fue exitosa. Hace años, otra administración municipal pretendió hacer lo mismo por la avenida Hidalgo, que pasa por un lado de la Plaza de las Américas y el frente de la Presidencia Municipal, y lo reducido de la concurrencia, aunado al sentido común y la valentía dio lugar a que el programa se cancelara.¿Podría esperarse lo mismo de los actuales gobernantes o será cierta la tozudez que le achacan a alguno de ellos?Cabe señalar que, en este caso, la dicha vía zapopana, afecta profundamente a la concurrencia del centro comercial llamado “Plaza Patria”, sumándose a las obras actuales de ampliación del mismo y dañando exponencialmente a la gente que solo cuenta con el domingo para ir a abastecerse de lo que necesita.Asimismo, la misma avenida de Las Américas se ve seriamente afectada y el embotellamiento dominical llega a ser de alcances mayores.Le aseguro a usted, posible lector, que son más los perjudicados que los beneficiados con la posibilidad de circular tranquilamente con sus bicicletas caras y patinetas de lujo por el carril norte de la Avenida Patria que, si bien forma parte de Zapopan, es usado también por habitantes de todo el Valle de Atemajac y hasta más.En cambio, la dirección de Obras Públicas del Ayuntamiento de Zapopan ha olvidado corregir la tarugada mayúscula de dos administraciones anteriores, que dieron lugar a que el paso del río —ahora llamado también Patria— desde la calle tapatía de Alberta hasta la zapopana de Altamira resulte un verdadero calvario: la fila larguísima de coches, a ciertas horas “pico”, alcanzan casi un kilómetro de conductores que, gracias a ello, tardarán al menos diez acalorados minutos más en llegar a su destino. Multiplique usted diez por cada individuo que pasa por ahí para dar con una estratosférica cifra de horas-hombre que se pierden día a día por la estulticia o dejadez de unos funcionarios públicos municipales.Dicen que la sabiduría no consiste en ser inequívocos sino en saber reconocer los errores y, de ser posible, rectificarlos.