En algunos países les llaman “ferias”, en otros, los conocen como zocos, en algunos más los identifican como mercados y nosotros en México les decimos “tianguis” pero todos tienen algo en común: son los lugares en donde se vende y se compra o bien se realizan trueques y sin embargo según el país donde se encuentren también tienen o presentan características diferentes las cuales en este artículo las vamos a dar a conocer poniendo varios ejemplos: Un zoco Me encuentro en Fez en la ciudad vieja o Medina, al norte de África donde se ve cómo vivían en el ayer en sus 2 mil 400 calles donde hoy todavía se ve como se vivió hace siglos, ni coches, ni motos, ni bicicletas ya que no pueden entrar a sus callejuelas, solo mulas, burros e infinidad de turistas. Su trazo urbano es una verdadera telaraña con callejones sin salida, angostas, pasadizos irregulares, pero tiene el encanto de las cosas auténticas ya que ahí encuentra vendedores de todo, falsos guías, barberos ambulantes, escribanos, afiladores, charlatanes que venden el ungüento que todo lo cura, dicen que hasta la zoncera crónica, niños que venden cigarros y que se cruzan entre mulas, camellos, caballos y burros en callejones a media luz y ver todo eso es como retroceder en el tiempo pero que se disfruta el encanto y ambiente embrujador que se respira en ellos, es uno de esos sitios para recordar pues olvidar todo aquello será imposible. En esta ciudad parece que el tiempo se olvidó de pasar, desde muy temprano bulle de actividad, es un verdadero hervidero donde se venden especias, babuchas, bolsas de cuero, perfumes, se puede encontrar hasta lo que no se busca, es lo mejor de lo mejor para comprar. En la zona del silencio En el ayer visité un mercado dominguero, en ese lugar le llaman “feria” se encuentra en un alto valle quemado por el sol a 3 mil 660 metros de altura sobre el nivel del mar, entre una agreste cordillera dentada y encerrada entre montañas. Por el lugar donde se encuentra es un lugar tranquilo y apacible; todos los domingos atrae a los indígenas que viven entre las nubes, que recurren puntualmente cada semana donde además de saludarse y convivir pueden comprar y vender lana de alpaca y vicuña, pieles de llama y guanaco, artículos de hueso labrado, plata finamente labrada, mates burilados, mantas, hilos tejidos que se hicieron chuyos (gorros), guantes, chompas y compones (suéteres de hombre y mujer) así como productos para el sustento diario: el aromático café, papas, trigo, frutas, aguacates, etcétera. Para la persona que es observadora se dará cuenta que a diferencia de otros mercados, este parece la zona del silencio, en el a pesar de lo concurrido no se escuchan gritos proponiendo la mercancía o barullo alguno, pues los indígenas vendimiadores, como habito ancestral no pregonan nunca la mercancía, estoicamente sentados en total silencio esperan a que llegue el cliente, poco se puede regatear, pero siempre venden y usted siempre compra al ver lo variado y barato de la mercancía. Para quitarle la curiosidad le diré que el mercado antes descrito es el de la población de Huancayo, ciudad de la región andina en Perú y por el lugar donde está ofrece paisajes de ensueño y esplendida belleza.