Martes, 21 de Mayo 2024

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En la lancha

Por: Benito Taibo

En la novela El viejo y el mar de Papá Hemingway, el protagonista,  ese viejo gruñón y simultáneamente entrañable, mientras luchaba con el enorme pez, a la deriva entre las olas, agotado, sediento, soñaba con leones en la playa.

Yo la leí a los doce o trece años gracias a mi padre, que la puso en mis manos como se pone un tesoro, una herencia magnífica, un mapa perfecto para desvelar las pasiones humanas, y sufrí con el viejo enormemente todos sus avatares, sus desventuras y también su doloroso trance.

Durante los dos días de lectura, fue cómo sí estuviera en su lancha, cómo si yo también tuviera las manos desolladas de tanto jalar la línea para intentar traer al inmenso pez hasta nosotros, luchando continuamente con el sol a plomo en nuestras cabezas, o la noche helada cayendo sobre nosotros como un mazo, luchando incluso contra el tiempo.

Muchos piensan que es la historia de una derrota, una triste y terrible derrota (no contaré el final por sí alguno se anima y lo lee) pero yo no lo creo. Además de ser una de las grandes novelas del siglo XX, estoy seguro que es la historia de cómo funciona eso que llamamos voluntad.

Porque la voluntad es esa pequeña llama que vive dentro nuestro y que de repente se enciende como una hoguera que lo ilumina todo, o se achica como una veladora en las tinieblas, pero que nunca se apaga.

En este tiempo y éste país, todos andamos jalando, hoy por hoy, la línea para acercar a la lancha al pez, mientras los tiburones le van arrancando trozos a dentelladas feroces.

El viejo de la novela luchó hasta el límite de sus fuerzas, y más allá.

Rendirse no es una opción. Tal vez el truco consista en abandonar la soledad  del yo y jalar juntos, todos, en la magnífica cualidad del nosotros para arrancarle la presa de los dientes a los escualos.

Y luego compartirla.

Todo esto viene a cuento porque anoche soñé con los leones en la playa.

Creo que anoche, con lo que soñé, fue con la libertad.

Esta mañana desperté con las manos desolladas, como corresponde, pero también con una sonrisa entre los labios.

En la arena está el gran pez, entero, listo para ser asado en una enorme fiesta.

Los leones están invitados...

Hay pez para todos.

 

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