Viernes, 14 de Junio 2024

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Elisa y la caída de Guadalajara

Por: Jorge O. Navarro

Elisa y la caída de Guadalajara

Elisa y la caída de Guadalajara

Apenas comenzar el año 2014, el Gobierno tapatío de Ramiro Hernández García encara la prolongación de un escándalo que tiene, otra vez, a Elisa Ayón por actriz principal. Este lunes 13 de enero, la regidora que había solicitado licencia a su cargo y que aparentemente ya no pertenece al Partido Revolucionario Institucional (PRI), se apareció en Palacio Municipal e ingresó a la que fuera su oficina después de romper un vidrio de la puerta. Eso sí,  la presencia de policías que intentaron impedirle el acceso al lugar, agrandó una escena que perjudica a la administración.

Poco importa que Elisa Ayón tenga o no la razón jurídica en esta nueva aparición, que es otro capítulo de la truculenta historia que comenzó con una grabación en la que se le escuchó abundar en frases altisonantes y coloquialismos, y que permitió conocer presunciones de corrupción y manipulación abusiva de trabajadores del Ayuntamiento de Guadalajara.

E importa poco la verdad jurídica, porque lo provocado en el Gobierno tapatío por la ex dirigente del PRI Guadalajara es un alboroto político que le seguirá creciendo al alcalde Ramiro Hernández de modo imparable si no utiliza una de las herramientas fundamentales de su quehacer: la política.

Lo que menos necesita en este momento el Gobierno de Guadalajara es que los medios de comunicación se enfoquen en Elisa Ayón, quien ha personificado —muy a su pesar— la corrupción y la impunidad que todos sus detractores le imputan al PRI y a su ejercicio en la función pública.

“El chiste se cuenta solo”, dice el refrán, y es lo primero que viene a la mente cuando se conoce que la señora Ayón se comprometió, al retornar por la fuerza a su oficina, a denunciar puntualmente todos los casos de corrupción de los que se entere mientras ejerza su cargo como regidora, y claro, cobre cada mes un sueldo bruto que casi llega a 105 mil pesos… pero de regidores que denuncian corrupción ya está lleno el Ayuntamiento de Guadalajara, sin que haya resultados para reducirla o erradicarla.

Muy mal mensaje le envía a los habitantes de Guadalajara el regreso de la señora Elisa Ayón, cuando el municipio padeció en 2013 un año sin apenas recursos para obra (es verdad que se inició un programa de repavimentación, pero con recursos del Gobierno federal), sin acciones eficientes para reducir el gasto en nómina y burocracia, y con un episodio crítico que todavía no concluye.

Se ha erosionado tan rápidamente la autoridad del alcalde Ramiro Hernández, que se insiste en su inminente salida de la presidencia municipal a fin de rescatarlo políticamente con un encargo en el Gobierno federal.

La pregunta indispensable en este caso: ¿y la ciudad de Guadalajara? Es una interrogante sin respuesta.

Si los integrantes en el Gobierno de Guadalajara no recuperan conciencia de que están al frente de la capital jalisciense y proceden con un más alto sentido de ética y valor político, voluntaria o involuntariamente alimentarán la dinámica negativa que durante años ha socavado al municipio.

No está lejos el momento de que Zapopan, vecino, tome la estafeta como el municipio donde se tomen las decisiones políticas y económicas del Estado.

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