No hay nada como levantarse a buena hora y ver el sol que se cuela por la ventana. Suavemente nos da los buenos días con una de sus mejores caricias.Dejamos que se vaya la pereza y contestamos al astro rey. "Buenos días" Muy buenos me repito varias veces, porque no hay nada que valga tanto como la salud.El tiempo sobre todo va llevándose poco a poco parte de ella, A un catarro, un ligero mal intestinal o cosa parecida apenas les hacemos caso. Ya pasará. Pasa o no pasa, pero cuando los años se van juntando y forman una suma considerable empezamos a preocuparnos a temer. No somos eternos. Tenemos un principio y un fin. Y tememos que el fin llegue pues aunque muchas veces le hemos puesto peros a la vida, por un fracaso u otro, la vida es un regalo maravilloso y hemos de saberlo administrar.Digo todo esto porque la enfermedad me acompaña. Se me alteró el equilibrio y me he caído varias veces. El tiempo me vence y me entretengo en recordar aquellos días de ayer que deberían de transcurrir lentos, sin huir de nosotros para traernos aventuras que conocimos y nos hicieron felices.A veces, en los ratos de insomnio me pongo a recordar aquellos días de ayer que deberían permanecer lentos, sin huir de nosotros, para traernos aventuras que no pedimos.No somos magos ¡Si lo fuéramos! Me esforzaría en encontrar un día del ayer y detenerme en él. Por ejemplo el primer día que viajé en tren. No se habían inventado todos estos medios de movimiento que velozmente nos llevan de una ciudad al campo, o a otra ciudad ignorada que nos llena de sorpresa como son los palacios históricos, las catedrales famosas y los castillos de cuento.Con salud puede hacerse casi todo. Con salud y juventud. Aquí estoy a las órdenes de los médicos. Que sean magos y me devuelvan la alegría de los días de atrás.Toluca, octubre 2012