Al vernos en el espejo, nos miramos y formamos una imagen de lo que somos. Así como nos vemos, llegamos a creer que los demás también nos ven. ¡Oh sorpresa! Como me veo, en realidad no me ven igual.Y es que hay humo entre mis ojos y el espejo. Me veo distorsionado por lo que quiero ver de mí.Creo que soy de una manera, y llego a tener un concepto que en realidad no es como efectivamente soy. Así que muchas veces lo que yo pienso de mí mismo, no es la realidad de lo que soy. Por eso tengo que quitar el humo de mi cabeza. Es decir dejar de tener ilusiones y fantasías.Entre mi mirada y el espejo, no debe de haber nada mas que la nítida claridad del rostro tal cual es. Acepto que es un tanto complejo este asunto, y si aún sigues leyendo esta reflexión, ahora podemos seguir adelante.Los adictos tienen distorsionada su propia imagen, especialmente ven en sí mismos muchas cosas negativas. Se destruyen internamente con comentarios y creencias devastadoras, por lo que les ha sucedido y de la infeliz fortuna que les ha tocado vivir.Hay demasiado humo en su cabeza, es decir tienen un pensamiento tóxico de sí mismos. Se sienten devaluados, sin estima, acomplejados y rechazados. Y lo peor del caso, es que creen que son los demás los culpables de su miserable existencia. Sin embargo, el enemigo lo llevan dentro, son ellos mismos los encargados de atormentarse con toda la basura que llevan en su mente. Su espejo está negro, no ven con claridad la belleza de su propio ser.Y claro, no es difícil que los adictos encuentren un agente externo que los haga sentirse mejor y con eso apacigüen al monstruo que ellos mismos han creado, y que los flagela noche y día.Basta de pensar negativo, hay que ser tajantes con olvidar el pasado y dejar de estar llorando lo que ya no se puede cambiar.Vete en el espejo y observa la luz que emana de ti, de la belleza de tu corazón, de la increíble persona que eres.Limpia el humo negro que sólo contamina y altera la mirada de tu propio interior. Sacude el ambiente de las mentiras y engaños que te haz creído. Y comienza de nuevo viéndote en el espejo, como el ser maravilloso que eres.