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Domingo, 20 de Enero 2019

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El homenaje al cardenal

Por: Jorge O. Navarro

El homenaje al cardenal

El homenaje al cardenal

El reconocimiento público que el Gobierno del Estado hará este viernes 28 de julio al arzobispo y cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, con concierto de la Orquesta Filarmónica y pergamino incluidos, es un nuevo motivo de polarización en una sociedad que, como la nuestra, es desde hace años un puñado de pólvora lista para arder con la menor chispa. A los jaliscienses en general (creyentes o descreídos) les faltan motivos para la concordia y la coincidencia. Les sobran, en cambio, razones para descalificar, dudar y desconfiar. Esta situación no la causan sólo el arzobispo y el promovente principal del homenaje, gobernador Emilio González Márquez, aunque sí han sido promotores de la división por sus declaraciones y sus acciones. Por partes… La autoridad (el gobernante más encumbrado o el burócrata más humilde) está obligada a hacer todo y exclusivamente lo que le dicta la ley. Lo demás, sin excepciones, le está prohibido en términos de su quehacer público. Homenajear a un cardenal, hombre de iglesia —y Emilio González ya anunció que prepara un evento similar para el líder de la Luz del Mundo— no lo estipula ningún reglamento, igual que no lo hace para cantantes, deportistas o famosos, aunque su imagen ensalce el nombre de Jalisco, como argumenta el mandatario. Se trata entonces de una iniciativa personal, probablemente empujada por un grupo de cercanos en el ejercicio de gobierno que coinciden con el proyecto de honrar públicamente y con recursos del erario al arzobispo. González Márquez considera que el acto está justificado y el homenajeado lo merece. Es su punto de vista. Y sostiene su propósito a pesar de que muchos de sus gobernados lo reprueban. Si las leyes que rigen su actuación pública no formalizan esta iniciativa, tampoco la rechazan, así que el gobernante actúa en ese margen indefinido y suma una polémica más a las muchas que llevan su santo y seña. Algo, sin embargo, no ha reconocido públicamente: ¿Aprueba el cardenal Sandoval tal homenaje? ¿Le compartió antes que lo haría? Sólo se pueden construir suposiciones. Y de suposición en suposición se llega a otra cuestión: ¿Necesita el arzobispo que el Gobierno del Estado le monte un evento como éste? La respuesta es no. Sandoval Íñiguez puede ser, como personaje público, alabado o abominado. Sus posturas y declaraciones serán debatidas históricamente. Pero dentro de la Iglesia son muchos quienes lo admiran como clérigo, y ni siquiera ellos están forzados por los cánones eclesiásticos a celebrarlo, aunque seguramente lo harán, en sus espacios privados y con sus propios recursos. Ésa es la diferencia. El cardenal no necesita que el hombre de gobierno lo aplauda públicamente y le gane más animadversiones. El gobernante olvida que aunque la Constitución no lo dice, a veces puede ser virtuoso. ¿Qué tal prudente?

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