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Martes, 22 de Enero 2019

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El desarrollo, ¿rehén del electoralismo?

Por: Alfonso Zárate

A fin de cuentas y después de meses de encuentros y, sobre todo, desencuentros, todo hace pensar que lo que pudo ser un año promisorio en inversión para Jalisco está cada vez más cerca de ser en ese aspecto uno de los más frustrantes de los últimos tiempos. Naturalmente que el freno en la obra pública ha afectado severamente al sector de la construcción y de paso también desmotiva la inversión privada, pero el principal daño lo ha resentido y lo resentirá mayormente y en el corto plazo la población. No son épocas de abundancia, lo sabemos, pero por ello es más grave toda práctica de distracción o de dispendio de recursos, incluso desaprovechamiento de los mismos. Lo peor, además, es que por diferencias de orden político se llegue incluso al rechazo y desperdicio de lo ya obtenido. La soberbia es aquí mucho más que un pecado capital, se ha convertido ya en causa directa de la insatisfacción social que vivimos. Veamos por ejemplo el caso de los créditos solicitados por los gobiernos estatal  y algunos municipales. Sin excepción, los actores y protagonistas de estos procesos financieros se atrincheran en sus respectivos argumentos.  Tanto los que solicitan como los que aprueban o “registran” tales créditos, han mostrado una crónica incapacidad para negociar, de demostrar  o de justificar en su caso el destino de los recursos a plenitud. ¿Quién gana en esta guerra de sordos?, ninguno, ¿quién pierde?, Jalisco. Vamos, ni los colores partidistas, que para estos efectos es lo que menos debería contar, son garantía alguna de convergencia en criterios. Las disparidades internas, al contrario, impiden el entendimiento sobre temas que urge abordar. Un ejemplo son los servicios metropolitanos, donde la interacción es obligada en asuntos como el destino del SIAPA, el medio ambiente, la movilidad y todos los demás que arriban ya al nivel de una angustiosa preocupación colectiva. Incluso se cuenta con una base jurídica para ciudadanizar decisiones pero no parece ser mucha la voluntad política para conseguirlo. No menos trágico es que podamos llegar a la conclusión de que el discurso político que llama supuestamente a la unidad, que convoca a esfuerzos comunes que no se ven por ninguna parte, obedezca simplemente a  electoralismos. Con la mira puesta en la sucesión, ninguno parece estar dispuesto a ceder terreno que pueda abonar beneficios al otro, aunque se trate de provecho público, y en esa actitud continuada y definitivamente insensata, se condena al desarrollo a convertirse en verdadero rehén de las confrontaciones políticas. El sector de la construcción, por sabido se da, es en gran medida pulso del desarrollo, principalmente porque conlleva un impacto directo sobre el empleo y la derrama económica. Y la verdad, la situación en vez de aliviarse se torna más complicada. Todo, quizá por no haber comprensión del daño que se causa, por no tener la serenidad debida para sentarse en una mesa de negociaciones y definiciones. Lo que no está claro, pues vale reanalizarlo, posponerlo o tal vez desecharlo pero las cuestiones prioritarias, irrefutables por su beneficio social, deben seguir adelante. Por lo pronto lo único que sigue es el estancamiento y no es desconocido para nadie que las condiciones de orden político se irán tornando más ríspidas en los próximos meses, llegarán a su clímax de confrontación el próximo año y seguramente volverán a su nivel las aguas allá por 2013. Entonces, veremos si habrá nuevas expectativas para resolver los ingentes problemas de los jaliscienses. Ojalá y la ciudadanía ya haya puesto a cada quien en su lugar.

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