Ideas | El caso Suzanne Vega Por: Alfredo Sánchez 30 de enero de 2012 - 02:00 hs Justo cuando la supuesta defensa de los derechos de autor tomaba por asalto las páginas de los diarios y se ponía en el centro de las discusiones en internet, me topé con un caso que puede resultar ilustrativo respecto de una de las facetas del asunto. La compositora Suzanne Vega, una de las más apreciables voces de la música norteamericana, se hizo mundialmente famosa gracias a sus temas “Luka” y “Tom´s Dinner”, pero tiene tras de sí una obra que va mucho más allá de esas dos canciones. Hace poco decidió grabar una serie de cuatro discos con el título genérico de Close Up. Fueron dos las motivaciones principales para hacerlo: la primera, retomar sus viejas canciones en una especie de revisión retrospectiva, pero elaboradas de una manera más “cruda”, más íntima, sólo con voz y guitarra -acaso con algún detallito adicional-, pero sin mayores artificios y sin toda la producción con que estaban “vestidas” las grabaciones originales. La segunda, que es la que viene a cuento en esta reflexión, recuperar el control de esas canciones. Me explico: como suele suceder con la mayoría de los artistas, las grabaciones originales de Suzanne Vega no le pertenecen a ella sino a la compañía disquera (A&M en este caso) que las editó en un principio. Ello significa que la compañía es la única que puede distribuir ese material o dejar de hacerlo si en algún momento considera que eso es mejor para sus intereses empresariales. La autora, por lo tanto, no puede vender sus discos en sus presentaciones en vivo, lo cual podría ser una interesante fuente de ingresos adicionales para ella. La decisión tomada por la compositora fue, por lo tanto, hacer nuevas versiones de sus canciones y editarlas por ella misma. Ahora es dueña de esas nuevas grabaciones y puede venderlas donde y cuando quiera. Por supuesto que Vega conserva los derechos como autora de las canciones grabadas en el pasado, pero el porcentaje que obtiene de la venta de sus discos previos es muy pequeño. Y ahí está el detalle: cuando los promotores de la Ley SOPA ponen por delante la bandera de la defensa de los derechos de los artistas, evitan intencionalmente mencionar que el dinero va, principalmente, a las grandes disqueras y a los distribuidores, esto es, a intermediarios, mientras que al autor le quedan migajas de la ganancia. Es sabido que los ingresos de los músicos provienen, en el mayor porcentaje, de las presentaciones en concierto; y en ello la venta de discos al final del show, representa una ganancia nada despreciable que va directamente, esa sí, a la bolsa del artista. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones