Viernes, 10 de Octubre 2025

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El Sagrario

Por: Vicente García Remus

Pátzcuaro se pavonea de bellas fincas coloniales, entre ellas se cuenta, “El Sagrario”. Del Colegio de San Ignacio de Loyola (el segundo que se fundó en la Nueva España, siendo el primero el de Sinaloa), seguimos nuestro alegre andar por la mágica calle de Lerín con dirección Sur y a un corto trecho fuimos maravillados por un fantástico muro, grueso, conformado por burdos arcos en medio punto, acabado en semicírculo y embellecido por almenas, cada una correspondiendo con el centro de cada columna. El muro gira con gracia a unos 45 grados, abrazando la puerta atrial con columnas salientes, el marco en medio punto, enseguida las bardas se inclinan a 45 grados (atractivo detalle), para luego continuar a plomo y coronarse con una sobria cornisa, dos hojas de fierro forjado abren a las gradas que bajan al atrio. A unos recién casados les tomaron fotografías a un costado del muro, me sume como fotógrafo, detrás del muro afloraban las hermosas formas del Sagrario: la balaustrada del techo, con tres señoriales almenas en copa, de la fachada lateral Oriente, después los bizarros campanarios de planta cuadrada y de dos cuerpos, el primero con un vano arqueado por cara y el segundo octagonal, con cuatro vanos arqueados de menor claro y en el eje de los vanos inferiores, en cada esquina una almena, por remate una cúpula y en su cresta una bonita cruz octagonal. Entre los campanarios, un precioso rosetón  con su emplomado, la dovela superior, saliente y con volutas, arriba, la cornisa delinea el techo a dos aguas, en la cima una cruz patente entre almenas y por último, parte de uno de los tejados del convento de las monjas Catarinas.

El fervor por la querida Virgen de la Salud creció fuertemente por toda la comarca y el espacio donde estaba su altar (en el Hospital de Santa Martha) era reducido para dar cabida a los numerosos devotos, por ende, el señor cura Juan Meléndez Carreño promovió la edificación de su Santuario. El religioso Andrés de Burgos emprendió una colecta por la Provincia de Michoacán, acompañado por una pequeña réplica de la Virgen, la real mide un metro y medio, un documento del Cabildo de la Basílica de Pátzcuaro dice: “Su rostro, un poco inclinado hacia el lado derecho. Por sus facciones semejara una indita tarasca… las manos las lleva juntas ante el pecho, un poco cargadas hacia la izquierda… Sus ojos, de mirada bellísima… Su vestido siempre es de color blanco y su manto azul oscuro (sólo en la festividad del 15 de agosto el manto es rojo)”.  Se empezaron a escavar los cimientos del Santuario en 1691. Los recursos se agotaron y el hermano Lerín realizó otra colecta. El cura falleció en 1707 y en 1717 el cura José Antonio Eugenio Ponce de León bendijo el Santuario con solemne misa el 8 de diciembre. Para 1908, la adorable Virgen fue llevada a la Parroquia, cuando fue considerada Colegiata. Probablemente, después se consideró al recinto, Sagrario, albergando a Cristo sacramentado.

Atravesamos la mencionada puerta atrial y bajamos emocionados unos peldaños para percibir de cerca el añejo y peculiar templo, peculiar porque a la fachada principal se le adosó el Convento de Catarinas, promovido por el cura Ponce de León, siete dominicas del Convento de Valladolid ocuparon sus celdas el 14 de octubre de 1747,con el tiempo sumaron 60 monjas. El 5 de enero de 1867, el general Regules las exclaustró. La fachada Este nos mostró un arbotante, un cautivador arco trilobulado y la puerta lateral, dórica con arco en medio punto, enmarcada por medias columnas de igual orden, arriba de la cornisa luce una bonita ventana circular animada por almenas. A un costado del campanario observamos dos puertas dóricas arqueadas entre elegantes columnas redondas, sobre sus capiteles dóricos adorna una cornisa saliente. Por remate, un frontón truncado, en su apertura surge una cruz. Las puertas abren a lo que fuera el coro bajo de las monjas, en 1874 se retiró la verja que dividía el coro del templo y se hicieron las dos puertas. En 1890 se cambió el altar mayor de madera por uno de cantera. El interior con piso de tarima. Una capilla presume un retablo barroco donde posa la Virgen de los Dolores. En el presbiterio fue enterrado el 19 de noviembre de 1819, el héroe José María Cos, sacerdote que luchó por la Independencia, amante de las letras, participó en el Congreso de Chilpancingo, y emprendió: “El Ilustrado Americano”, que clamó por justicia, integración, hermandad y libertad. El distinguido insurgente plasmó con desbordante alegría su firma en el acta de Independencia.

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