Al sur de Temacapulín se localiza una preciosa peña, que ostenta un bello Cristo. Después de haber admirado las calles que conforman el poblado, tapias con vanos de cantera y gárgolas (calles propicias para rodar una película de las obras de Mariano Azuela o del bardo de Jalostotitlán), dirigí mis pasos a la salida a Cañadas, hoy Villa Obregón. En las casas orilleras, un tanto abandonadas, viré a la derecha con dirección al balneario La Peñita, enseguida de unos potreros entré al balneario, pregunté por el Cristo y una amable señorita me sugirió adquirir unas postales para localizar mejor la escultura. Caminé por el costado izquierdo de las albercas, crucé un campo deportivo, abrí y cerré la puerta de un corral, y miré la bonita peña. Me fui acercando hasta llegar a una escalera con barandales; los peldaños me llevaron a una mitra que data de junio de 1981, cobija un crucifico de buen tamaño y un pequeño altar, a los lados de la puerta hay poemas de Plasencia. La mitra es todo un mirador. Recorrí uno de los andadores laterales y fui sorprendido por el hermoso Cristo, que expresa la peña, grande, bien definido y proporcionado. Increíble formación natural, el brazo derecho un tanto arriba y el cuerpo algo erguido, lo insólito son los músculos resaltados, la cabeza bien centrada a los hombros, el manto configurado a la cintura y el dobles de las piernas bien hecho, la cabeza inclinada y la cara con un cálido rostro, bien formado, cejas, ojos, nariz, boca y mentón, en conjunto es una maravillosa escultura. Me quedé un buen rato observando los detalles. Luego chapoteé en la alberca grande y más tarde saboreé unos emparedados en la cafetería del parque acuático. El Cristo inspiró al párroco del pueblo, quien puso en tinta: “Hay en la Peña de Temaca un Cristo Yo, que su rara perfección he visto, jurar puedo que lo pintó Dios mismo con su dedo.El Cristo aquel parece que medita y parece que habla.¡Oh, qué Cristo éste que amándome en la peña he visto…! Se le advierte la sangre que destila, se le pueden contar todas las venas Sus ojos tienen la expresión sublime de esa piedad tan dulce como inmensa¡Oh, mi roca…! La que alumbró mis sueños de poeta, La que, al tocar mi Cristo, el cielo toca Oh, dulces ojos, ojos celestiales que amor provocan y piedad respiran”. El 15 de septiembre de 1975 se cumplió el centenario del natalicio del primogénito de Ramón Plasencia y de Encarnación Jáuregui, llamado Alfredo; por tal motivo, Jesús Hermosillo Peña relató sobre su vida y sus poemas: “Mientras crecen los pequeños, no los dejes soñar solos, bebe tu también los sueños”. Nació en la casa marcada con el número seis de la calle Alejandro Villalobos (Jalostotitlán), y muy pequeño se cambió a la calle de González Hermosillo número 80, hacia donde el Sol nace, en el patio había un naranjo y un granado que competían por dar sombra para que los tres niños jugaran, el Poeta, el Soldado (Higinio) y la Religiosa (Cristina). “Era el granado aquel, viejo ya entonces… Lo amó tanto el soldado, tanto la religiosa, Lo amó como aman los poetas… Vive, granado mío”. EN EL MAPA¿Dónde está? Está en el municipio de Cañadas de Obregón. De Guadalajara a esta poblado hay 145 kilómetros de distancia, que se recorren en dos horas y media. ¿Cómo llegar?Tome la carretera libre a San Juan de los Lagos; después de los pueblos Pegueros y Valle de Guadalupe tome la desviación a la izquierda en el entronque hacia Cañadas de Obregón y Mexticacán; pasando la entrada a Cañadas enconcontrará un entronque a Temacapulín.