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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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Dvorak, al rescate

Dvorak, al rescate

Dvorak, al rescate

La partitura de Dvorak (su celebrada Sinfonía No. 9 en Mi menor, Op. 95, Desde el Nuevo Mundo), la batuta de Jayce Ogren como director huésped y el sonido que es capaz de proyectar la actual Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) se conjuntaron para rescatar la velada…

Hasta antes del intermedio, el sexto programa de la primera temporada 2017, la noche del jueves en el Teatro Degollado sólo se salvaba del naufragio por el consenso latente de que  el Concierto para Clarinete y Orquesta, de John Corigliano, ejecutado por primera vez en Guadalajara, implicaba un alto grado de dificultad para el solista (Jeslán Fernández, principal de la sección en la OFJ); para el director; para los cornos, trompetas y trombones distribuidos en diversos puntos de la sala, y para toda la orquesta.

La complejidad de una obra, empero, a veces va en proporción inversa con la belleza. Descrito por el autor, como se consigna en el programa de mano, el concierto parece interesante. En la práctica, para el paladar conservador, el primer movimiento es feo; el segundo, anodino; el tercero, horrísono. (El buen Dios se sirva, a cambio de esos 27 minutos, conmutar a los oyentes algunos años de Purgatorio).

Por fortuna, la Nuevo Mundo de Dvorak, una de las favoritas de todos los públicos, estaba en el programa. Y aunque en la memoria de los asiduos de la OFJ hay el recuerdo de varias versiones estupendas –y también de alguna que no pasó de mediocre—, la lectura de Ogren fue soberbia. A partir de un tempo reposado y de un fraseo impecable, el joven director estadounidense eludió la ruta fácil de llevarse dejar por el encanto de las melodías, especialmente en los pasajes más brillantes, y consiguió una interpretación profunda, como corresponde a la música “absolutamente bohemia” que Dvorak decidió plasmar.

Los graves compases iniciales, a cargo de las cuerdas; los pasajes a cargo del corno inglés, cuerdas y maderas en el segundo movimiento; la dosificación de matices, la brillantez de los crescendos y la capacidad de las cuerdas para estar al nivel de los metales en los pasajes de sonoridad más intensa, se ganaron, con creces, la mención honorífica. Fue, esta, una de las mejores Novenas de Dvorak de la historia de la OFJ.

La repetición, este domingo, a las 12:30 horas, en el mismo escenario.

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