México tiene los elementos para convertir su circunstancia en próspero porvenir. En ese contexto, contará la unidad al interior del tejido social con aprecio y apego a sus valores en la exploración para explotación de recursos. La igualdad es un fin inalcanzable, pero sí lo es la respuesta al esfuerzo propio. El pasado ofrece ejemplos de sentido, positivo y negativo, expuestos en la actualidad para seleccionar aquellos que dieron forma y cause a la paz comprendiendo la insustituible tranquilidad, precedida de dignidad en todos los estratos; desde aquellos con autoridad para el ejercicio de un gobierno visionario y honesto, hasta los exigentes de la población para subsistencia. La construcción de bienes y servicios reclama consistencia, sin esperar la provisión con criterio meramente asistencial convertida en favores pagaderos con cara complicidad y potencial corrupción. La consistencia es vía de acceso en la que todos tenemos el deber de cumplir a partir de la formación educativa con buen ejemplo al interior de la familia y la supervisión a la impartida en la escuela por maestros con vocación y dedicación acorde a su alta responsabilidad en la formación de las nuevas generaciones y, finalmente, en el trabajo cotidiano donde prevalezca aquello que fue mensaje hace tres décadas: Lo que hagas, hazlo mejor. Perseverar con el pensamiento ubicado en lograr los elementos básicos de la prosperidad, incluyendo la seguridad en bienes y personas, abre la expectativa para alcanzar la vida digna que todos deseamos. La perseverancia nos conduce a la obtención de lo deseado, lo mismo en bienes materiales de servicios y utensilios, que aquellos considerados suntuarios a que nos motivan, entre otros, los modernos accesos de la comunicación. La transición interpretada por las reformas constitucionales y sus leyes complementarias, Energética y Telecomunicaciones, son principios sustentados en la modernidad global que comprende aprecio al crecimiento y cambios de población al que los mexicanos no somos ajenos, sino parte sustancial en el desempeño de acciones recíprocas con otras naciones y regiones, sustentadas en dignidad, consistencia y perseverancia. Renunciar al pasado sería una visión tan obtusa, como simular indiferencia al presente con sus múltiples carencias y ejemplos funestos, pero con inteligencia y perseverancia debemos observar los acontecimientos en otras regiones, con impacto en la población civil mediante medidas extremas y el desgarre social con víctimas, como ya ocurre aun dentro de nuestro territorio. La preservación de la paz con responsabilidad es digna de aprecio cuidadoso para prever más acontecimientos funestos. Es común señalar responsabilidad de las autoridades. No falta razón, pero tampoco debemos olvidar aquello que: quien es causa de la causa, también es responsable del mal causado. Bajo el techo de cada hogar cabe el ejemplo que invariablemente se refleja en el comportamiento de los descendientes. Dios nos guarde de la discordia. sicpm@informador.com.mx