+ DESDE AQUÍ CONMEMORAMOS EL 200 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL DR. ELEUTERIO GONZÁLEZ Y MENDOZA. + GRAN PERSONAJE TAPATÍO DEL SIGLO XIX AL QUE LA CIUDAD DE MONTERREY DEBE MUCHO. + “GONZALITOS” UN HUMANISTA Y AUTÉNTICO HOMBRE DE SU TIEMPO. + PERTENECE AL PANTEÓN DE LOS TAPATÍOS ILUSTRES MÁS CONOCIDOS FUERA DE GUADALAJARA. + ¿CUÁNTOS NO HABRÁ, QUE LA HISTORIA LOCAL NI SE ACUERDA DE ELLOS? + SENTIDO PÉSAME A LA FAMILIA L. CORCUERA Y GARZA-MADERO. Es muy probable (porque así suele ser de ingrata la llamada condición humana) que pocos se deben recordar de que hace ¡exactamente ya 200 años! del natalicio del célebre y eminente médico don JOSÉ ELEUTERIO GONZÁLEZ y MENDOZA, más conocido por el diminutivo de su primer apellido “GONZALITOS” y que habiendo sido tapatío de pura cepa y por los cuatro costados, dejó familia y honores en ésta, su tierra natal, para incorporarse a una ciudad que entonces no era más que un pueblo pequeño, pero que al correr de los años se convertiría en la “Sultana del Norte” y que no es otra que la gran ciudad de MONTERREY. Si hay un personaje al que Monterrey, y en general el Estado de Nuevo León, deba parte de su grandeza lo es sin duda “GONZALITOS”, quien, arriesgando su vida, se traslada a aquella capital y funda así hospitales, reparte bienes y se entrega a por completo a las obras de caridad en una ciudad que entonces no era rica en grandes capitales económicas, ni soberbia y mucho menos sofisticada. El amor que el doctor JOSÉ ELEUTERIO tomó por sus pacientes y por su nueva residencia no es posible siquiera imaginarlo hoy en día, en que la mayoría de los facultativos sólo ven en la medicina un medio de extraer dinero al paciente por más rico o pobre que este pueda ser. Una vida entregada a la ciencia y a la beneficencia y que hizo que aún su vida privada haya sufrido los peores reveses de la fortuna. ¡Ni eso lo doblegó! Nacido exactamente en Guadalajara el 20 de febrero de 1813, hijo legítimo del capitán de milicia don MATÍAS GONZÄLEZ y de la virtuosa dama doña MARÍA ANA MENDOZA, quienes tuvieron asimismo una hija (mayor que José Eleuterio) que al correr de los años sería una belleza y que llevó el nombre de JOSEFA. Hacia 1815 muere don Matías y se ocupa de chico el Lic. RAFAEL MENDOZA tío abuelo materno quien se ocupa de la educación de ambos hermanos, ingresando nuestro biografado a los 12 años al Colegio Seminario de Guadalajara (hoy sede del Museo Regional), teniendo desde esa corta edad una preferencia por las ciencias naturales, decidiendo así desde prácticamente su niñez lo que sería su carrera, su profesión y su vida entera. Si se dice por allí que “Infancia es Destino” aquí se cumple ni más ni menos este enunciado, a los 20 de su edad ya lo vemos practicando en San Luis Potosí y echando mano de su juventud, audacia y conocimientos y aun sin haber obtenido su título profesional llega a Monterrey un 18 de diciembre de 1833 ejerciendo desde entonces su noble profesión que pronto se hizo de gran clientela en parte porque aquella ciudad carecía entonces de servicios médicos aceptables y en mucha parte también por el don de gentes y Humanidad con las que trataba a todos y cada uno de sus pacientes fueran ricos, pobres, católicos o liberales. A poco dirige el único Hospital que se conocía como tal el HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO antiguo Colegio de Niñas. Como buen patriota deja Monterrey por vez primera en años a la invasión del ejército norteamericano en 1846, recluyéndose en una hacienda en un paraje semiperdido en las faldas del Cerro de la Silla. Aun desde allí no deja de ver a sus pacientes y los atiende con su escaso capital y poquísimo instrumental. Vuelve a Monterrey en 1850. En 1855, la H. Sociedad de Geografía y Estadística de México, le nombra miembro destacado y corresponsal en virtud de sus aportes a la investigación. A fines de 1859 y siguiendo sugerencias de “GONZALITOS” se funda por fin el Colegio Civil del Estado, dando así pie a que los pequeños educandos tuvieran más opciones de estudiar otras carreras que no fueran únicamente las de la abogacía o la de sacerdotes. A la invasión norteamericana de 1846 cierra el Hospital de Nuestra Señora del Rosario, mas éste se empeña y lo reabre años después fundando así oficialmente el HOSPITAL CIVIL abriendo sus puertas un 2 de Mayo de 1860. Los logros y hazañas de este sabio, investigador, historiador y médico no alcanzarían espacio en todas las páginas de este diario, para hacer cuenta de ello. Sólo queremos mencionar que a su fallecimiento un 4 de abril de 1888, nunca antes se ha visto —aún años después— una manifestación de duelo tan impresionante como la tributada al popular “GONZALITOS”. Una vida entregada a la ciencia y a la Humanidad doliente. Aquí cabe destacar un capítulo de su vida personal que nos descubre aún más a un ser lleno de bondad y ajeno totalmente a los resentimientos y odios tan usuales entonces. Como hoy en día: hacia su edad de joven adulto conoce en una tertulia a una bella dama regiomontana, célebre por su belleza, como por su coquetería. Éste cae rendido a sus pies, se enamora y ella (al parecer también) enamorase de él. Voces amigas le sugieren que no es la mujer indicada para “tomar estado” pues por su belleza era a menudo proclive a responder a miradas furtivas que le tributaban los caballeros. El siguiendo los consejos “del corazón” se casa y no pasa mucho tiempo en que llega a Monterrey el muy célebre general GALVÁN, éste al ver a la joven señora en una fiesta campestre la empieza a cortejar no importando que fuera casada, la dama le da —aparentemente— también da pie a que el militar aprovechando de su envergadura política prosigan en una especie de romance sotto voce hasta que un día huye con él, o él huye con ella. La tristeza que embarga a “GONZALITOS” no es digna de narrar pero haciendo fuerza de sus desgracias logra sobrellevarla. Años después, las “ironías de la vida” hacen que el mentado general GALVÁN sufra una grave herida de muerte en un paraje no lejano a Monterrey. Éste, atendiendo a su profesión, sin más recursos que su bonhomía, se dirige a donde el herido, le practica una exitosa intervención y salva así la vida de aquel que le había robado a la joya que más quería ¡ su propia esposa! ¿Que esto asemeja más una novela de “entregas” de aquella romántica época? Tal vez sí, pero sin duda que la realidad supera siempre —y con mucho— a la ficción. La bella mujer fallece muchos años después abandonada a su suerte y aparentemente enferma de tuberculosis en Ciudad de México. Hoy en día aun los mismos “regios” no saben mucho de quién es “GONZALITOS”, salvo que es el nombre de una de las más importantes avenidas de aquella urbe. Pues ése es ni más ni menos que otro de tantos TAPATÍOS que ayudaron a dar brillo y lustre a Monterrey, así como parte del Norte del país, cito al primer OBISPO de Linares, don FRANCISCO DE PAULA VEREA, el obispo don SALVADOR DE APODACA y LORETO, el propio BERNANRDO REYES y OGAZÓN y más recientemente el ilustrado don AGUSTÍN BASAVE y FERNÁNDEZ DEL VALLE. Desde aquí un homenaje a al gran “GONZALITOS” en el 200 aniversario de su natalicio. Y ya que hablamos de personajes y grandezas de Monterrey, hace un par de semanas se hubo de lamentar el deceso de esa gran señora que fue en vida doña DELFINA GARZA-MADERO de L. CORCUERA quien fuera esposa del caballeroso ALFONSO L. CORCUERA y RIBA y con quien procreara a una bonita familia compuesta por ALFONSO, casado con la adorable ANGIE WENSEL, DELFINA (Pini) casada con FERNANDO LÓPEZ VERGARA, ROSA MARÍA (sin duda una de las señoras más guapas y elegantes de Guadalajara) casada con JAIME ÁLVAREZ BERMEJILLO, ANTONIO casado con GABRIELA VIZCAINO, y por último, RODOLFO casado con ANA ISABEL MEIER. La dama referida fue hija de don RODOLFO GARZA VILLARREAL y de doña BÁRBARA MADERO y FARÍAS, ambos originarios de Saltillo, Coahuila, pero avecindados en Monterrey, en donde la hija menor (Pini) se casó en 1942 con el notable miembro de la linajuda familia tapatía CORCUERA, formando así esta rama que menciono líneas arriba. A todos sus deudos nuestro sentido pésame y pronta resignación. HOMBRE DE CIENCIA. Una de las raras imágenes del célebre doctor José Eleuterio González, más conocido como “Gonzalitos” y que fuera un profundo investigador y benefactor. Ejemplar. Uno de tantos lienzos que decoran el Hospital Civil de Monterrey con la figura central del doctor “Gonzalitos” a la Humanidad doliente. EN EL NORTE. Josefa, la bella hermana mayor de “Gonzalitos” le alcanza en Monterrey, y enlaza su vida a la de un caballero de apellido Pérez Maldonado, de quien aún desciende notable estirpe que residen aun en aquella ciudad. AÑOS 1870. Uno de los hospitales que fundara el doctor “Gonzalitos” y que al paso del tiempo acabaría siendo el Gran Hospital Civil de Monterrey. traje de etiqueta de la época 1865. El doctor Eleuterio González apenas repuesto de la tragedia matrimonial que en cierto modo marcó su vida.