Domingo, 12 de Octubre 2025

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De pandillas a pandillas

Por: Diego Petersen

De pandillas a pandillas

De pandillas a pandillas

Porfirio Muñoz Ledo, uno de los políticos más brillantes que ha dado este país —quizá no de los más eficientes, pero de los pocos que realmente tenían ideas propias—, decía que las pandillas eran al narcotráfico lo que los equipos de barrio al futbol profesional: las fuerzas básicas. Ahí se curten, se foguean y ascienden en el escalafón, para nutrir a los equipos de segunda, Primera A y Primera, en el caso del futbol, mientras que, en el caso del crimen, a los grupos de delincuencia organizada y cárteles mayores.

En Guadalajara hay 300 pandillas, de las cuales 50 son consideradas como muy violentas, y de ellas 20 están ya vinculadas con el crimen organizado, básicamente en la distribución de droga. Es a través de ellas como se mueve una gran parte del narcomenudeo, y en algunos casos cumplen la función de distribuidores o medio menudeo. Estas 50 pandillas son un problema de seguridad y se corre el riesgo de que terminen controlando zonas importantes de la ciudad, como pasó en Ciudad Juárez con “Los Aztecas” y “Los Mexicles”, vinculadas al los cárteles de Sinaloa y Juárez y que fueron carne de cañón en la disputa por la plaza (sólo como dato, Ciudad Juárez tiene 300 mil habitantes menos que Guadalajara, pero el triple de pandillas).

Hoy en día, cuando se habla de pandillas, la imagen que se viene a la mente es la “MS-13”, mejor conocida como  “Mara Salvatrucha”, o la “United Bamboo” (Zhiu Lien) de Taiwán, cuyos miembros se cuentan por decenas de miles y están directamente vinculados a delitos de extorsión, tráfico de armas, drogas y personas. No todas las pandillas son enemigas del Estado: en Kenia la pandilla “Mingiki” suma a más de cien mil miembros y es en realidad una pandilla política, dedicada a la extorsión gubernamental y a la imposición por la fuerza de políticas racistas.

Es muy importante no meter en el mismo saco a las 50 violentas con las otras 250, que pueden ser una monserga para los barrios en que viven, que si no se les da atención podrían engrosar el número de pandillas violentas, pero que hoy por hoy no lo son. Resulta muy fácil etiquetar a las pandillas y darles en automático los atributos de vagos, violentos, drogadictos, rateros, etcétera.

Las pandillas son grupos juveniles, y a veces de rucos que se niegan a perder la juventud, sumamente gregarios, y que le dan a los integrantes la posibilidad de pertenencia e identidad que la sociedad les ha negado. En la mayoría de los casos, la pandilla es el único espacio donde los jóvenes son algo, donde pueden expresarse libremente y estar entre iguales. El que esas 250 pandillas no sean catalogadas como violentas no quiere decir que no puedan causar problemas en el barrio o la colonia, o pelearse con la pandilla vecina, pero están muy lejos de ser delincuentes.

Es un gran avance que el Ayuntamiento de Guadalajara haya presentado la información de esta manera, que distinga entre los que pueden ser un problema social y de convivencia vecinal, y los que pueden ser violentos o incluso miembros de la delincuencia organizada. Las estrategias para enfrentarlos son completamente distintas. Hay de pandillas a pandillas.

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