Jueves, 09 de Octubre 2025

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De El Marqués de Albaserrada, a Victorino Martín

Por: El Informador

Por Xavier Toscano G. De Quevedo

Todos los tratadistas que han estudiado la evolución del toro bravo, coinciden que su origen procede del “Bos Primigenius” o Uro, y lo definen como un animal muy desarrollado, veloz al desplazarse y con un carácter fuerte y arisco. Su hábitat se extendía en los bosques de la Europa Central, pero inexplicablemente fue desapareciendo, quedando únicamente en algunas zonas de la península ibérica. Es aquí en donde los zoólogos afirman que aparece el “Bos Taurus Africanus” —toro venido de Egipto— describiéndolo como un animal de tamaño más pequeño, de astas muy desarrolladas, de capa negra y que poseía una mayor agresividad.

De la interacción del “Uro” y el “Bos Taurus Africanus”, emerge  para los estudiosos, el “Bos Taurus Ibericus” que en su estado salvaje encuentra un ambiente propicio para su desarrollo, en Andalucía, Castilla, Extremadura y principalmente en Navarra. Con el paso de los siglos, cuando en España las corridas de toros, “Juegos de Caballeros” estaban ya arraigadaza en el gusto popular, la selección de bovinos para la lidia dependía ya de la intervención de del hombre, y es a mediados del siglo XVII cuando aparece en la historia de la Fiesta Brava, la figura de Pedro Luis de Ulloa y Calís “Conde de Vistahermos” que en 1770 compró a los Hermanos Rivas, su ganadería que pastaba en la localidad sevillana de Dos Hermanas.

La Casta de Vistahermosa, después de dos siglos y medio, forma hoy en día, la plataforma principal de casi toda la cabaña brava en España y también de todos los países donde se cría al toro de lidia.

Una de las derivaciones principales de Vistahermosa es el encaste Saltillo, fundado en 1850 por Antonio Rueda Quintanilla “Marqués de Saltillo”, que dio a sus toros un sello muy particular, diferenciándola de todas las demás que han existido y que proceden también de ésta casta Vistahermosa. Otro de los encastes originado  de Vistahermosa fue el de Murube, fundado en 1863 por Dolores Monge Roldán viuda de Francisco Murube Álvarez; cuando heredan las reses de Murube, sus hijos Felipe y Joaquín, el primero de ellos, le vende en 1885 su parte a Eduardo Ibarra que en sus 20 años de ganadero dio paso a uno de los encastes más difundidos e importantes en España.

Llegado el siglo XX aparece en la historia del Toro Bravo, un personaje significativo; El Conde de Santa Coloma, que en 1905  compra a Manuel Fernández Peña la mitad de la ganadería de Ibarra. Y un año después a Rafael Rueda Osborne —hijo del Marqués de Saltillo— gran parte de su vacada. Con la mixtura de los dos encastes nace los afamados toros “santacolomeños”, que llenarían muchas paginas de gloria en la fiesta. Siete años después en 1912 su hermano, El Marqués de Albaserrada, recibe una parte del ganado en la que predominaba la línea Saltillo. A la muerte de El Marqués de Albaserrada, la ganadería fue vendía José Bueno Catón, que la conservó hasta 1928 heredándola su esposa Juliana Calvo y sus sobrinos Bernardo y Roque Escudero.

Venida a menos, y a punto ya de desaparecer, en 1960 el destino, la casualidad, los sueños de un hombre, o la Providencia Divina, pusieron en manos de los hermanos Victorino y Adolfo Martín, más de 150 cabezas de ganado de los Escudero Calvo, que estaban destinadas a ir al rastro. Cuando Victorino vio por primera vez el hato de reses que les ofrecían los hermanos Escudero, sabía que tenía ante él un tesoro que lo llevaría a lograr uno de sus principales objetivos que como aficionado se había trazado. Y fue así, que con las reses adquiridas —machos y hembras— inicia su marcha triunfal presentándose en 1961 en San Sebastián de los Reyes, con el fierro y la divisa de El Marqués de Albaserrada, pero lidiando a nombre de Escudero Calvo Hermanos. Hasta entrado 1966 utilizan por primera vez el nombre de Martín Andrés Hermanos, y finalmente el 29 de junio de1967 lidia a su nombre; Victorino Martín, el fierro y la divisa de El Marqués de Albaserrada que ha enarbolado con gran categoría por más de medio siglo.  

Su ideología dentro de la fiesta brava, y sus palabras son un fiel reflejo de su recia personalidad y su congruencia: “El toro bravo no se cría pensando en el torero, porque caeríamos sin remedio en la mansedumbre”. Añade a sus señalamientos que; “El buen ganadero sólo debe pensar en la bravura, principio y final de este tinglado que es la ganadería brava”. Y finalmente en otro párrafo completa; “El público desea ver toros bravos, olvidémonos ya del llamado ¡toro artista!  Y,  echando mano de la reserva de casta —donde la haya— volvamos al origen de la bravura”.

Existe una frase, con una dosis de cierto humor irónico, pero muy elocuente que sentencia; “con tierra, agua y dinero, cualquier ¿...? se cree ganadero”. A diferencia de la gran mayoría de los productores del animal ¡boyantito! —para complacer a los ¿toreros? —   Victorino, marcó desde sus inicios cuales eran sus conceptos, sus metas, sus valores y su responsabilidad ante el mundo del toro: “La crianza del Toro Bravo, sin compromisos ni componendas”. ¿Qué seria de la fiesta sin la presencia del toro bravo? Él es la figura y eje central del espectáculo, porque todo debe girar, alrededor de su Majestad El Toro Bravo.
 

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