Ideas | Curiosidades de La Minerva Por: Norberto Álvarez Romo 30 de agosto de 2011 - 02:00 hs La Glorieta La Minerva es un lugar cargado de profundos significados para los habitantes de esta ciudad. Su estampa escultórica y la explanada se han convertido en el sitio donde se celebran las notables victorias deportivas, locales y nacionales. Donde se acude a contemplar los grandes espectáculos públicos especiales. Es también donde se manifiestan los orgullos, así como las inconformidades sociales y donde se disputan los políticos en sus campañas acudiendo en caravanas para anunciar, con anticipación, su anhelada victoria. En fin, La Minerva simboliza a la ciudad de Guadalajara. En uno de sus costados proyecta la máxima: “Justicia, Sabiduría y Fortaleza custodian a esta leal Ciudad”; y el otro lado se dedica “A la Gloria de Guadalajara”. En la mitología romana Minerva es la diosa de la sabiduría, las artes, las estrategias y técnicas de la guerra y patrona de los artesanos. Además, es igualmente la protectora de Roma ciudad, que también cuenta con su Piazza della Minerva. Es la versión latina de la gran diosa griega Atenea. Para el filósofo griego Heráclito, la realidad del universo era siempre cambiante. “Lo único constante es el cambio”, decía, “nada permanece igual”. Señaló, como ejemplo, que uno no puede bañarse dos veces en el mismo río; pues con el constante fluir del agua está siempre renovándose. Para nosotros, La Minerva es quizás el rincón más cambiante de la ciudad. Con cada ciclo anual se revisten sus espacios con los adornos temáticos de temporada. La Navidad y las Fiestas Patrias ya son de rigor. Ahora, al parecer, los fines de semana serán para el esparcimiento peatonal sobre piso renovado. Cuando se irguió La Minerva, en los años cincuenta, a Guadalajara le llegó la urgencia por modernizarse. Se puso a la tarea de disparar la transformación urbana; a mostrarse al día con la mutación del Centro Histórico, cuya imagen colonial ya se prefería cambiar por las nuevas fachadas del progreso. Siguió la ampliación de las calles para dar lugar a los nuevos vehículos automotrices que cambiarían los modos del transporte y nos marcarían con el hechizo de volvernos, hoy por hoy, una de las ciudades más automotorizadas. En los años setenta desaparecieron muchas casas y calles llenas de historia que pasaron a ser la Calzada del Federalismo, (que debió haber sido y nunca lo fue) una de las importantes avenidas de la nueva imagen de la ciudad. Por debajo de ésta se diseñó un túnel para colocar allí la primera línea del actual tren eléctrico urbano, a la cual le siguió una truncada segunda línea y ya no avanzó ni un centímetro más. Dos décadas después todavía sigue con los planes de crecer mucho sin poder avanzar nada. Entonces los autos fijaron el rumbo del desarrollo y rápidamente rebasaron al transporte público. Empezaron los embotellamientos y las contaminaciones del aire. Buscando ser más rápidos, a la larga nos volvimos más lentos. La Minerva quedó como el símbolo de la glorieta vencida en su función original: arriba quedó como una fuente ajardinada, un elemento de ornato urbano. Por debajo, se desataron los pasos a desnivel (que buscan la eficiencia automóvil sin encontrarla) donde también se le incluyeron algunos cajones para que pasará el Tren Ligero que nunca llegó. Los arqueólogos del futuro encontrarán entre las curiosidades ocultas en las capas de La Minerva huellas de nuestra ciudad que a nosotros parece que se nos están olvidando. Pistas que revelan cómo hemos sido. Como cambiamos dando vueltas alrededor de lo mismo. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones