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Jueves, 23 de Noviembre 2017

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Cuando muere el amor

Por: María Belén Sánchez, fsp

¿Es verdad que se muere el amor? ¿Cómo es posible? Si lo único inmortal es precisamente el amor…

Pues mira, yo creo que sí. Cuando en un matrimonio la pareja dice: Esto se acabó, ya no hay amor, ya no tiene caso seguir juntos…

Como una planta que si no se riega se marchita… como una lámpara de esas antiguas que si no se le pone el aceite –o el petróleo- se apaga sin remedio; o cuando no pagamos el recibo automáticamente nos cortan la luz…

Y en realidad no es que el amor murió, sino que entre los dos lo dejaron apagarse, secarse, pasar a otro nivel.

En el matrimonio cada uno de los cónyuges dice al otro: “me entrego a ti, todo lo que tengo y lo que soy, con todo mi amor.”

Pero sucede luego que un día resulta con que alguno de los dos dice: ¿sabes qué? siempre no, retiro todo y mi amor me lo llevo para otro lado…

Muy bonito, aquellas promesas y juramentos se van a la basura, ciertamente en esas circunstancias el amor está muriendo, está muriendo en ti, y una parte de ti está muriendo también…

Y no me digas que una persona que así tan fácilmente rompe un pacto sagrado es alguien de calidad, si ni siquiera un contrato humano se rompe así tan fácil o impunemente, ya te podrán decir entonces que no tienes Palabra o que tu Palabra no vale nada.

Pero ciertamente habrá quien diga que es que el amor se acabó, que no vi bien las cosas a tiempo, que apareció de pronto otra persona que sí era la indicada…

Eso, para eso es la preparación, el pensarlo bien, el darse tiempo de madurar la opción, y no hacerlo a la ligera o por el mero capricho de un momento fugaz.

Y esto que sucede muy frecuentemente entre los hombres, también se da en las mujeres, que de primer momento se encandilan, o que no quieren pasar por tontitas si en la secundaria, todavía no tienen novio…

No se dan tiempo para ver, analizar, comparar…

Una joven que dice: hay que atrapar al primero que pase, si no, luego me quedo, o si después no encuentro… Y después vengan los arrepentimientos, porque “yo no creía… no lo conocía… no sabía…”

Por eso hay que ver bien, preparar y prepararse, tomar sabias decisiones… y si a pesar de todo surgen situaciones que acaban por echarlo todo por la borda, en realidad no podremos decir que el amor murió, sino que se rompió o se acabó la capacidad de ser recipientes de amor.

M. B. S.

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