Ideas | Comprar una esposa Por: Carlos María Enrigue 15 de septiembre de 2011 - 02:00 hs Comprar una esposa Hay sueños que todo hombre tiene. Dependiendo de la edad uno puede querer cosas tan dispares como ser el delantero estrella de la selección, ser un poderoso y corrupto líder sindical o ir a echar una firma sin dolor de próstata, todo depende de cuántos años tengas al momento del deseo y cómo haya sido el proceso de tu madurez. Sin embargo, a muchas personas dentro del rango de los 25 a los 35 años (12 a 17 si Usted vive en un asentamiento irregular) les entran unas urgencias demenciales de matrimoniarse. Esto tiene una explicación biológica, seguro afirmarán los eruditos en antropología, no es sino un escalón más en el proceso de nacer, crecer, reproducirse y morir sujeto a los convencionalismos sociales que requieren un acto solemne y protocolario en el que el resto de los machos de la jauría se hagan sabedores que esa hembra está tomada y ya cuando la busquen pues tendrá que ser a escondidas. Sin embargo existe un problema básico para que esas urgencias matrimoniales puedan ser desahogadas adecuadamente. El problema en cuestión radica en agarrar a la incauta que diga que sí después de ver cómo te pones como animal tras una derrota del Atlas ante las cabras. Sin embargo, en estos modernos y acelerados tiempos, internet retoma una de las instituciones más arraigadas en la tradición cultural humana. Si a usted le cuesta trabajo conseguirse una damita que lo soporte debido a sus malditas neurastenias, no le batalle más y no dude en hacer su pedido en el sitio www.noviasrusasalaventa.com.ru Un amigo llevaba ya una temporada del perro. Resulta que cada domingo que iba a comer con su abuela era siempre la misma cantaleta en la que le rogaban que se casara ya y era duro y dale con el temita. Que ya estás muy grande, que te la vives en el relajo, que ya hay que sentar cabeza, jorobe y jorobe se la pasaban sin considerar que si no se había casado es porque ninguna de sus noviecitas lo había soportado. Sus amigos ya estaban todos casados y empezaba a cambiar la dinámica de la relación: cuando antes iban todos al antro a ponerse como frailes y a ver a quién se embodegaban, ahora los planes eran ir a jugar “Maratón” a casa de “Los Díaz” (respecto a cuándo “El Nalgotas” y su vieja cambiaron a esa denominación, nunca lo sabremos) otros planes habían llegado a excesos como montar un Karaoke, pero mi amigo dice haber resistido estoicamente y no haber asistido a estos últimos. Su vida comenzaba a ser miserable. Un día, baboseando en internet dio con una posible respuesta. Sí, quizá podía hacerse de esa manera. A mi amigo no le importó el hecho de que las novelas de Televisa indicaran que la forma para que el amor prospere solamente puede ser en una larga relación entre el señorito de la casa y la criada que vencen miles de obstáculos para consagrar su amor. Él había encontrado un camino diverso y en estas épocas en las que lo alternativo es cool, no hay nada más alternativo que comprarse una esposa rusa. Empezó buscando y se topó con un problema inmediato: casi todas las páginas están en inglés y el a duras penas habla castellano. Sin embargo eso no lo desanimó y el continuó con su empresa. Finalmente ella estaba ahí. Una rubia espectacular de 19 años nativa de Ucrania que decía sobre sí misma que le gustaba el campo y la libertad, cocinar borsch y pampushki (no me los ando inventando, sí existen), que buscaba a un hombre comprensivo y protector. Mi amigo lo pensó durante un segundo, él podía ser ese hombre comprensivo y protector… tendrían una cabaña con montañas nevadas a lo lejos… poco importaba que él vivía en Jamay. Por fin se animó. Sacó la American Express y puso los datos en el sitio esperando que no se lo fueran a birlar con aquello de la “foto real”. Al llenar las formas pidió la “Entrega rápida” que según eso tardaba de tres a siete días. Dio la clave de seguridad y pronto recibió un correo electrónico confirmándole que su rusa ya estaba en camino. El problema vino como a la semana y media. Por más que preguntaba a la portera de los depas no había ido nadie ni de UPS ni de FedEx a llevarle un paquetote. Pensando que quizá hubo algún problema informático habló a su banco y se enteró que sí se había hecho el cobro que, siendo sinceros, no había sido poquita cosa. Cuando quiso meterse a la página de internet donde había hecho la compra se dio cuenta que el sitio aparecía dado de baja y ni siquiera tenía la oportunidad de echarle un hate mail. Se lo habían chamaqueado gacho. Deprimido, llevo su caso a la Profeco sólo para enterarse que los negocios de venta de novias rusas son los segundos con más quejas, solamente por detrás de la CFE. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones