Jueves, 09 de Octubre 2025

LO ÚLTIMO DE Ideas

Ideas |

Caro me salió el gustito

Por: Paty Blue

La filosofía facebookera, cotidianamente manifestada en piensos y reflexiones compartidas por sus incontables usuarios, se me ha vuelto ley que gozosamente acojo, siempre y cuando no se trate de difundir perlas de auto superación o viejos chistes de gallegos, ahora adjudicados a Ninel Conde. No recuerdo al autor de tan lúcida consigna, pero como me apropié gustosamente la consigna esa de que tallas hay muchas y vida, sólo una, resolví dar vuelo a mis antojos y satisfacer esas apetencias mías que se dan por bien gratificadas con una buena tanda de tacos con don Memo, por hoy, mi expendedor favorito. De manera que, como lo he venido haciendo desde unos meses atrás, estacioné mi vehículo a unos 30 metros del humeante y aromático puesto (de los que ya casi no hay), saboreando por anticipado la media docena de envoltorios que me embodegaría con mucho apetito y sin cargos de conciencia alimenticia. Tres de lengua y dos de cuernito, para empezar, me sugirió la lombriz que había comenzado a desbocarse un par de horas atrás, tomando en cuenta que no le había yo suministrado su dosis vespertina. Ya vendrían los de ojo, labio y molleja, para completar la apetecida ración. Pero todo pecado conlleva su consecuente penitencia, y sólo la matemática divina llevará la cuenta de las veces que he purgado mis embates golosos con algunos episodios de agruras, indigestión y retortijones. Pero esta vez, la vida resolvió arquear mi contabilidad digestiva para hacer los ajustes correspondientes, y no precisamente por la vía gastrointestinal. Para expresarlo en términos más silvestres, me embodegué los tacos más costosos de mi existencia que, no me apena presumir, recién ha llegado al último descanso de la escalera con rumbo al sexto piso. Y ande usted que, en cuanto recibí mi plato y comencé a aderezarlo con salsita y harto limón, mis oídos fueron alcanzados por el ulular de una alarma que, como tantas otras que desatan sus estridencias a la menor provocación, igual me habría pasado inadvertida, a no ser por los aspavientos de un comensal que llamaba la atención hacia el punto donde se encontraba aparcado mi estimado patas de hule, expresando que un sujeto había partido carrera, después de extraer algo por la ventanilla de un carro amarillito. Con medio taco en la boca caí a la cuenta de que el amarillito era el mío y que lo sustraído por la rata más veloz del universo había sido el portafolio que no discurrí bajarlo, en el exceso de confianza que proporciona un lugar muy concurrido y cercano. El raudo caco se llevó la sorpresa de encontrarse con una computadora portátil ideal para nutrir un deshuesadero tecnológico, pero también un memorioso dispositivo al que le sacará un provecho inversamente proporcional a la catástrofe autoral, laboral y personal que, apenas al siguiente día, comenzó a pasarme la factura. Por andar de tragona y confiada, hoy voy por la vida tratando de rehacer lo perdido. Ya ni berrinche hago por andar a pata, esperando las dos semanas previstas por el proveedor cristalero, para subsanar el boquete que a la rata le tomó 30 segundos hacer.

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones