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Caro Quintero: información y publicidad

—“Compadre, necesitamos soltar al gringo —le dijo Don Neto a su joven e impetuoso socio Caro Quintero.
—No puedo, compadre, porque ya lo madrearon y se está muriendo”.
Testimonio de Samuel Ramírez Razo, el Samy, encargado de la tortura de Enrique Camarena, citado por Tim Padgett.

Hace apenas una semana, en el Foro de Atención a Víctimas, me preguntaron si yo entrevistaría a algún destacado narcotraficante. Contesté lo que siempre he contestado: que no. Que me parecía una forma de hacerle publicidad a un delincuente peligroso y que tanto había dañado a la sociedad. Alguien dijo que los narcos también tenían derecho a dar su versión e incluso a decir quiénes los protegían y dije que sí, que para eso tenían a su disposición al ministerio público, para hablar de lo que quisieran, desde los delitos que cometieron o no, y sobre sus redes de protección y operación. Pero da la casualidad que los grandes delincuentes que con entrevistas o información manipulan a medios o comunicadores, en forma no siempre gratuita, jamás se atreven a ratificar esas declaraciones donde importa, que es ante la justicia.

Todo esto viene a cuento por la entrevista que le dio Rafael Caro Quintero a "Proceso". Ahora resulta que Caro Quintero ni siquiera tuvo que ver con la muerte del agente de la DEA Enrique Camarena; Caro, por supuesto, no trabaja en el narcotráfico ni tiene nada que ver con los enfrentamientos que se han dado en Sinaloa, tampoco tiene una alianza con grupos ligados a los Beltrán Leyva. Vive, dice, casi en la pobreza y es fotografiado en un rancho, junto a un altar de muertos y una cama desvencijada. La reportera que lo entrevista dice que le parece un hombre más preparado y articulado que “El Chapo” Guzmán, y que por eso personajes como el propio “Chapo” o “El Mayo” Zambada, lo respetan. Y por eso, dice, el capo se ampara en códigos de silencio y eso le parece muy aceptable.

La verdad es que no es creíble y resulta desconcertante que se publique sin un mínimo de análisis crítico. Caro Quintero no sólo participó en el asesinato de Enrique Camarena (y en muchísimos otros, incluso cuando ya estaba en la cárcel) sino que fue el principal participante en el secuestro y la brutal tortura del agente de la DEA. Eso está ampliamente documentado y fue consecuencia del decomiso del rancho El Búfalo en noviembre de 1984, el mayor sembradío de mariguana conocido hasta el día de hoy, donde miles de campesinos jornaleros trabajaban sembrando y cosechando la droga para Caro Quintero. Camarena fue quien descubrió ese rancho y la DEA obligó a su decomiso, en un contexto donde Caro, Don Neto, Félix Gallardo y otros habrían tenido, según testimonios públicos en Estados Unidos, un acuerdo con la CIA para entrenar miembros de la contra nicaragüense y enviarles armas a cambio de que pudieran traficar cocaína desde Centroamérica. Era el gobierno de Ronald Reagan.

Lo cierto es que Camarena y el piloto mexicano Alfredo Zavala fueron secuestrados por órdenes de Caro y sometidos a días de torturas antes de ser asesinados. Caro participó personalmente en esos hechos.

No sabemos si Caro está aliado hoy con alguno de los cárteles, pero sí que sin respaldo de alguno de ellos no hubiera subsistido tantos años en prisión, y tampoco hubiera quedado en libertad en una oscura operación judicial. La información de que ha entrado en confrontación con “el Chapo” Guzmán proviene de agencias de inteligencia de México y de Estados Unidos. Tampoco vive en la pobreza porque él y su familia tienen muchas propiedades y negocios, sobre todo en Jalisco, que nunca les fueron expropiados. Apenas en mayo, el departamento del Tesoro puso en su lista negra a Diana Espinoza Aguilar, pareja de Caro Quintero, prohibiéndole a todo ciudadano o empresa estadounidense hacer negocios con ella o sus asociados.

Con Caro o sin él, lo que existe es una suerte de vuelta de tuerca en la lucha entre distintos grupos criminales que es la causa directa del aumento de los asesinatos cometidos en el último semestre. Una lucha que tiene vigencia en Sinaloa (de allí el insólito, porque nunca había ocurrido, ataque a Badiraguato y a la casa de la madre del “Chapo” Guzmán), en Chihuahua, y también en Guerrero, Tamaulipas, Veracruz, Michoacán. Es una vuelta de tuerca con varios actores diferentes, y con una ruptura de diversas alianzas en un caso o en la profundización de conflictos entre grupos criminales en otros. Mucho tiene que ver con el control de pasos fronterizos y con la producción y tráfico de drogas sintéticas, por una parte, y de heroína por la otra. Y según las agencias de inteligencia, Caro Quintero sí está involucrado en estos procesos.
    
Uno puede tomar la decisión de entrevistar o no a un narcotraficante o a cualquier personaje, pero lo cierto es que no puede entrevistarlo bajo las condiciones que ese personaje le impone. Es la diferencia entre información y publicidad.

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