Miércoles, 19 de Noviembre 2025

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Buscar la belleza con sensualidad

Por: Martín Casillas de Alba

Buscar la belleza con sensualidad

Buscar la belleza con sensualidad

Guadalajara es una ciudad con prestigio en diferentes áreas. Una de ellas es la arquitectura y los arquitectos que han diseñado y hecho obras originales con tal significado que logran inspirarnos moral y espiritualmente, como si encontráramos en ellas una conexión entre lo visual y lo regional, entre su belleza y el ambiente que se da en esta plácida ciudad.

El pasado miércoles se llevó a cabo en la Ciudad de México el Simposio Detrás del libro. Como parte de esta reunión vino de Guadalajara el arquitecto Juan Palomar para hablar de uno de los libros de la colección Monografías de arquitectos del siglo XX editada por Arabella González Huezo y la Secretaría de la Cultura de Jalisco en 2006, que trata sobre la vida y las obras de varios arquitectos, entre ellos, Andrés Casillas de Alba, Premio Jalisco de Arquitectura 1996, “un solitario que desdeña modas y convenciones —como dijo Palomar—, cuya obra implica una poética depurada y restringida, que trata de hacer del futuro usuario un cómplice de su misma estética que luego se expresa en los detalles que hacen que sus obras sean deliciosamente habitables.”

Afortunado por habitar en una de sus casas en Tlalpan, al sur de la Ciudad de México, tengo algo que decir que tiene que ver con lo que decía Alain de Botton, pues es una obra que “da fe de una felicidad en donde la arquitectura contribuye en particular y hace visible lo que deseamos ser, así como nos permite disfrutar de esa belleza carente de espectacularidad, frágil, pero que todos los días no conmueve.”

Andrés Casillas de Alba convierte un espacio en algo que se antoja habitar y que, por una parte, es un magnífico refugio y a la vez, nos habla de lo que consideramos importante y que no es sino esa expresión de nuestros deseos de ser y de estar en este mundo.

“Mi pasión por la arquitectura nació de manera espontánea. Desde siempre estaba haciendo dibujos de casas, proyectos y perspectivas… Otro antecedente de mi oficio fue la visión que tuve de la casa de Luis Barragán desde que tenía ocho años y acompañaba a mi mamá que era su amiga desde la infancia. Había una magia poderosa en esos rincones, en esos patios, en las fuentes… y todo aquello  quedó grabado, con pureza y nitidez, como en una tabla rasa… esa arquitectura era como una corriente subterránea que me atraía poderosamente…”, tal como le confesó el arquitecto y quedó publicado en esa monografía.

En sus obras existe una parte “de irracionalidad que tiene que ver más con el campesino, con el pescador que hace su palapa. Algo que tiene que ver, sobre todo, con la búsqueda de la belleza, con la sensualidad y con el olfato.”

Tal vez por eso, los que conocemos o habitamos una de sus obras, encontramos la expresión material de lo que es tener una buena vida.

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