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Miércoles, 16 de Enero 2019

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Bach y la cantata alemana del siglo XVIII

Por: El Informador

Por: Francesco Milella

“Es la música cristiana más grande de la historia: si la vida me quitara la esperanza y la fe, un único coro de Bach recuperaría todo”. Para entender esta conmovedora frase de Felix Mendelssohn, uno de los grandes protagonistas de la música alemana del siglo XIX, basta escuchar y disfrutar las cantatas de Johann Sebastian Bach. Pero, ¿qué es una cantata? A partir del siglo XVII la palabra “cantata” indicaba, en Italia, todas aquellas piezas que había que cantar con acompañamiento musical y no “sonar” (como las sonatas). A pesar de su estructura más simple, respecto a los oratorios o a la ópera que en esos años protagonizaban la vida teatral de toda Europa, la cantata tuvo una evolución histórica igualmente fascinante y compleja: si en Italia, desde el siglo XVII hasta el 1800 (el mismo Rossini llegó a componer unas cuantas cantatas), representó una forma musical profana que trataba temas morales o mitológicos con una secuencia de coros, arias y partes instrumentales (llegando a ser incluso una “pequeña ópera”), en Alemania, la cantata dio resultados completamente diferentes: la Reforma luterana había cambiado completamente las perspectivas religiosas proponiendo una relación más directa con Dios, dejando a un lado a la Iglesia, que dejaba de ser el intermediario principal entre el cristiano y el Altísimo. En esta visión de la religión, la música tenía una posición central al ser, como decía Lutero, “la gran señora y moderadora de las emociones humanas”. Su deseo era que se escribieran cantos alemanes que pudieran, a través de la palabra y la música, anunciar el Verbo al pueblo. Pero, ¿cómo traducir esto concretamente en una partitura? Con un lenguaje verbal más sencillo y, claro, una música más inmediata, expresiva, sin la complejidad y la riqueza, considerada superficial y corrupta, de la música italiana, para que todos entendieran el significado auténtico y profundo del Texto Sagrado. Las cantatas de Bach responden perfectamente a esta necesidad de la religión luterana: con sus emocionantes coros iniciales, con sus hieráticos corales, arias y duetos, Bach pone su extraordinaria genialidad musical al servicio de la fe y de Dios. El resultado es impresionante. Ya no tenemos, como en ciertas obras de Vivaldi, la exaltación de la Iglesia: el centro en Bach es la relación directa, inmediata y, por lo tanto, intensa y profunda con Dios. Escuchar una cantata de Bach, independientemente de la religiosidad de cada uno, es una experiencia estética y emotiva de altísimo nivel. Y más si se trata de las cantatas BWV97 “In allen meinen Taten” y la BWV102 “Herr, deine Augen sehen nach dem Glauben!”, que le Colegium Bach Japan nos ofrecerá el 22 de octubre en el Teatro Juárez de Guanajuato.
 

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