Jueves, 09 de Octubre 2025

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A sesenta años de los Tratados de Roma

Por: María Palomar

A sesenta años de los Tratados de Roma

A sesenta años de los Tratados de Roma

 Ceterum censeo Europam esse ædificandam

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En la Europa exangüe de la segunda mitad del siglo XX, una modesta iniciativa que en 1951 se concreta en el tratado que funda la Comunidad Europea del Carbón y del Acero evolucionará hasta convertirse, en virtud de los Tratados de Roma firmados el 25 de marzo de 1957, en la Comunidad Económica Europea (también llamada Mercado Común: unión aduanera, política agrícola común). La Comunidad creó instituciones como la Comisión, el Consejo y la Asamblea europeas, el Tribunal de Justicia y el Comité Económico Social. Las partes firmantes fueron originalmente Francia, Alemania Federal, Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos. La Unión Europea tal como existe hoy en día es una evolución posterior que arranca con el Tratado de Maastricht de 1992 y se va configurando en instrumentos sucesivos.

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    Distintos países fueron adhiriéndose a la Comunidad y luego a la Unión a lo largo del tiempo: el Reino Unido, Irlanda y Dinamarca en 1973, Grecia en 1981, España y Portugal en 1986, Austria, Finlandia y Suecia en 1995...

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    Es quizá difícil para quienes no conocieron la deprimida Europa de posguerra imaginar siquiera lo que significó la construcción de esta entidad supranacional con la que esas naciones recobraron el optimismo y la seguridad en sí mismas, se empeñaron en olvidar sus viejas enemistades y emprendieron un camino de paz y de prosperidad visibles y muy reales.

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    Por supuesto que a lo largo del camino se cometieron errores, lo cual resulta natural en cualquier institución humana. Entre ellos está, por ejemplo, la apresurada ampliación por razones geopolíticas y descuidando los efectos colaterales: en 2004 ingresaron en tropel Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, la República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Malta y Chipre, y en 2007 Rumanía y Bulgaria. La premura por acoger bajo el ala europea a países antes bajo influencia soviética, sin reparar en su muy disparejo nivel de desarrollo económico y social, ha acarreado severas y onerosas consecuencias para la colectividad. Como es normal, esto ha dado pie a resentimientos contra los organismos  de Bruselas, percibida como un aparato costoso y burocrático.

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    Otros traspiés se han dado en el funcionamiento de la moneda única, sobre todo el de haber admitido a Grecia en la zona del euro cuando era perfectamente sabido que sus cuentas no cuadraban y que su desempeño fiscal ha sido siempre tercermundista. Y ahora tal parecería que Charles de Gaulle fue bastante inteligente en su permanente oposición al ingreso de la Gran Bretaña...

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    Pero de cualquier forma, los 27 jefes de Estado y de gobierno reunidos en Roma para conmemorar los tratados de 1957 confirman que siguen decididos a mantenerse juntos y en la misma dirección. Por más que la vieja Europa parezca a veces haber perdido el rumbo y zozobrar en las crisis actuales, la Declaración de Roma de este 25 de marzo reafirma que “permanecer unidos es nuestra mejor posibilidad de influir en el mundo y de defender nuestros intereses y valores comunes”.

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    Larga y próspera vida a la Unión Europea, por el bien del mundo entero.

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