La Revolución Plateada: Por qué tiene sentido crear proyectos de cuidados... y más aún si los crean emprendedores de más de 50 años
Ideas | 2011 se parece a 2008, ¿qué aprendimos de ese año? Por: Luis Miguel González 5 de agosto de 2011 - 02:00 hs 2011 se parece a 2008, ¿qué aprendimos de ese año? Ayer se oyó crack y no fue una sorpresa. Llevamos un rato escuchando los crujidos. Jueves negro, dicen los titulares de prensa. Habría que decir Verano negro, porque la negrura comenzó hace rato. El drama griego fue el primer apagón. Le siguió la discusión del techo presupuestal en Estados Unidos. Ahora el foco está en la debilidad de la mayor economía del mundo. La desaceleración es un hecho. La recesión de Estados Unidos tiene una probabilidad de 35%, dice Bank of America. Europa tampoco está resuelto, Italia y España están en el aire. Sus paracaídas traen plomo. No hay un año igual que otro, pero ¡cómo se parece este 2011 al cierre de 2008 y los principios de 2009! Han cambiado los protagonistas, pero muchas cosas siguen igual, empezando por la incapacidad de los gobiernos para encontrar respuestas. No está claro cómo Estados Unidos podrá evitar una recaída. La economía está débil y la política se volvió un Teatro del Absurdo. Por eso The Economist dibujó a Barack Obama como si fuera japonés: hay temores de que el Tío Sam se adentre en un largo túnel de crecimiento cercano a cero. Del otro lado del Atlántico, las cosas no tienen mejor color. España e Italia ahora juegan el papel de los Too big to fail que en 2008-2009 desempeñaron las automotrices y algunos grupos financieros. Los gigantes del Mediterráneo son demasiado grandes para caer. En teoría, podrían ser rescatados por una acción concertada de la Unión Europea. En la práctica, coordinar esta acción resulta más complicado que destruir a Lord Voldemort. Vienen tiempos duros. Estamos obligados a actuar con serenidad: buscar un justo medio entre el optimismo miope y un tremendismo pesimista que paraliza. México tiene en orden la casa y eso ayudará en un contexto de inestabilidad global. No bastará para evitar que los problemas de Estados Unidos nos afecten. El estallido de la burbuja de las .com en 2001 nos trajo un crecimiento de cero. La quiebra de Lehman Brothers, una caída de siete por ciento. ¿Qué actitud tener ante lo que viene? Dejar de lado el optimismo desaforado no debe llevarnos a un pesimismo rotundo, porque éste también es una forma de negar la realidad. Entre las formas más destructivas del optimismo y el pesimismo está el realismo. Un tipo de realismo emparentado con la prudencia y la sagacidad. Los lectores de aventuras sabrán de la expedición de Ernest Shackleton, un viajero irlandés de principios del siglo XX. Su proeza al frente del Endurance es considerada una de las grandes hazañas de la supervivencia en la historia. Los detalles son fascinantes. Su barco quedó atrapado en el hielo del Polo Sur y se destrozó. Shackleton tuvo la habilidad de salvar a toda su tripulación, a pesar de haberse quedado sin comida y aislado de cualquier forma de rescate, durante 497 días. No fueron las habilidades de cada uno de los hombres que iban en el Endurance lo que los salvó, dice este viajero en sus memorias, sino la capacidad de construir una idea de destino común. Los hombres más valiosos resultaron aquellos que combinaron el realismo con el optimismo. El realismo era imprescindible para valorar los riesgos en su justa proporción. El optimismo, necesario para encontrar la energía imprescindible para transitar en jornadas terribles. 2011 se empieza a parecer a ese horrible 2008, ¿qué tanto aprendimos de ese año? ¿Cómo lo aplicaremos ahora? Son dos preguntas abiertas. Pronto tendremos la respuesta. El reto es que nos vaya mucho mejor que hace tres años. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones