“Desaparecer las barras” de simpatizantes de los equipos, a raíz de trifulcas como la del domingo en el Estadio Jalisco, como propone uno de los dirigentes más notorios —aunque no, ciertamente, de los más sensatos...— que ejercen actualmente en el futbol mexicano, sería, además de ilegal, punto menos que imposible.Sería ilegal, porque la Constitución consagra, en el Artículo 9o., “el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito”; por ejemplo, presenciar un partido de futbol. Ya si algunos rufianes aprovechan la reunión para alterar el orden público, hacer desmanes e incluso cometer delitos, como sucedió en ocasión del “Clásico” dominical, dejará de considerárseles simples ciudadanos que ejercen un derecho que la ley suprema del país les garantiza, y deberá tratárseles como lo que son: infractores de los reglamentos municipales (el de Espectáculos, verbigracia)... o, de plano, como delincuentes.Y sería punto menos que imposible, porque en la práctica no hay manera de impedir que los “barristas” adquieran sus boletos y entren a los estadios, uno a uno... y ya en el interior se reúnan a practicar las coreografías o a entonar los cánticos que las identifican.*Severo en extremo esta vez en sus declaraciones, después de haber sido blandengue en otra ocasión —cuando calificó a las “barras” como “activos del futbol y de los equipos”—, el presidente del Atlas, Gustavo Guzmán, asumió públicamente el compromiso de aplicar “sanciones drásticas” a los pelafustanes que el domingo, probablemente alcoholizados y/o drogados, entraron a la cancha y se enfrentaron con las fuerzas del orden...De que haga efectivo el compromiso y no lo deje en el nivel de las palabras, a las que se lleva el viento, o que, al día siguiente de que se publican en los periódicos, sólo sirven para envolver garbanzos o lentejas en el mercado, dependerá que el cáncer de la violencia que incuba en el seno de los llamados “grupos de animación” se erradique... o se extienda.*Para que el futbol vuelva a ser, a plenitud, el “espectáculo familiar” que fue alguna vez, es imperativo que se identifique, detenga, enjuicie y sancione de manera ejemplar a malandrines disfrazados de aficionados como los que el domingo prodigaron tropelías. De otra manera, no está lejano el día en que se pase de meros incidentes... a tragedias como las que ya han ocurrido en varios estadios del mundo.