Viernes, 21 de Noviembre 2025

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* Pachanga

Por: Jaime García Elías

* Pachanga

* Pachanga

Ya habrá oportunidad de oírlo de sus propios labios. En lo que eso sucede, “Tuca” Ferretti no merece que hubiera quienes interpretaron como una ofensa o una charlotada de su parte, el gesto de declinar públicamente, a favor de Memo Vázquez, el “Balón de Oro” que se le entregó la otra noche, como “mejor entrenador” del pasado Torneo de Clausura 2011.
* El detalle, por supuesto, implica cierto desdén a quienes entregan las pretenciosas preseas emblemáticas de la excelencia en el futbol mexicano... pero, sobre todo, al discutible criterio y al poco transparente sistema de designación que se utiliza. Otro, en su lugar, tal vez se hubiera quedado callado. Total, ¿a quién le dan pan que llore...? Con el oficio que tiene y con la vocación por la autocrítica que le caracteriza, “Tuca” la tenía muy clara: si en la terna para designar al mejor técnico estaban Memo Vázquez (de los “Pumas” campeones); Tomás Boy (del Morelia, digno finalista), y él, de los “Tigres” que se quedaron en el camino, ¿a título de qué se le prefirió, en detrimento de los obvios argumentos de sus dos colegas?... * Que Memo Vázquez, a su vez, lo rechazara cuando “Tuca” fue a entregárselo, es, también, un gesto de dignidad. Recibirlo de manos de “Tuca” honra al timonel de los “Tigres”, por supuesto... pero demerita la presea. Sería, en cierto modo, una distinción recibida “de limosna”. En todo caso, al llevarse la nota principal en los medios de comunicación, por encima de los demás trofeos que se entregaron en la velada, el sainete (epilogado por el salomónico colofón de “Tuca”: “Me lo llevo, pues..., pero cada vez que lo vea recordaré que, en realidad, es de Memo”) eclipsó a todos los demás galardonados. Y lo más grave: devaluó, más de lo que estaba, al galardón. * En este, como en todos los casos, no son los galardones los que prestigian a quienes los reciben. Es al revés: quienes los reciben dan prestigio a los premios... Han sido tantas las ocasiones en que las pifias de los federativos, incapaces de establecer un sistema más justo, más transparente —y, de preferencia, más objetivo— para hacer las designaciones, que los “Balones de Oro” de hoy, como los “citlallis” de antaño, no pasan de ser lamentables caricaturas, tristes parodias, deplorables remedos tercermundistas —por no decir “pueblerinos”— de los que se otorgan en Europa.

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