Domingo, 02 de Noviembre 2025
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— Onésimo

Por: Jaime García Elías

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Las apariencias engañan. La Luna, por ejemplo, parece de queso...
Otro ejemplo: fueron “noticia” las declaraciones del obispo de Ecatepec con respecto al perfil recomendable para el próximo presidente de la República: “Que sea eficaz; que sea eficiente; que no diga mentiras; que se preocupe por el pueblo... y que no se clave mucha lana”. —II— En primera instancia, cada una de las cinco frases del obispo de Ecatepec fue subrayada por carcajadas. La nota informativa (“El Universal”, IX-12-11) puntualiza que las declaraciones se produjeron “en el marco de la comida anual de los 300 líderes”. No aclara, en cambio, si se trata de ironías correspondientes a una “guerra de chistes” y debían interpretarse como chascarrillos, o a una sesión de preguntas y respuestas. Tampoco señala si se dieron en una “entrevista banquetera”, informal y apresurada... En una segunda instancia, hubo reacciones; muchas de ellas, ácidas; ofensivas incluso. Algunos pedían que Su Ilustrísima fuera más explícito: a qué mentiras aludía; qué debe entenderse por “mucha lana”: dónde establece el 7o. Mandamiento (“No hurtarás”) hasta dónde es lícito robar y desde dónde ya empieza a ser pecado. Otros  cuestionaban la autoridad moral del prelado para hacer pronunciamientos en materia de ética, a la vista de los escándalos en que se ha visto involucrado un peculiar “hombre de Iglesia” que juega golf, invierte en la bolsa de valores (y no precisamente en los que Jesús predicaba, comenzando por la pobreza), tiene a personalidades del mundo de la política —reencarnación de los escribas y fariseos del evangelio— entre sus amistades, anduvo envuelto en un litigio relacionado con 100 millones de dólares invertidos en pinturas, etc. —III— En la medida en que las palabras de un “ministro de Dios” —“ilustre” y “excelente”, además, por el rango episcopal que ostenta— pueden ser ejemplares, sería deseable, habida cuenta de las expectativas que los mexicanos (acostumbrados a cumplir un ciclo que va de la ilusión previa a las elecciones al gradual desencanto que ocurre durante el sexenio) alimentan con respecto a los aspirantes a la Presidencia, que sus declaraciones sobre ese tema tan delicado y poco trivial fueran, si no precisamente un modelo de ponderación y concluyeran en un “retrato hablado” que incluyera, por ejemplo, los valores de justicia social que la Iglesia predica, sí, por lo menos, serias. (Aunque, por supuesto, de antemano se sabe que pedir ponderación y seriedad, en algunos casos, equivale a pedir peras al olmo).

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