Sábado, 25 de Mayo 2024

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* Ombligos

Por: Jaime García Elías

* Ombligos

* Ombligos

Los empates, como los ombligos, se parecen… pero no son iguales.

Botones de muestra:

Empatar, como visitante, un partido que teóricamente debería perderse, deja en el paladar un intenso sabor a triunfo. Por ejemplo, el conseguido por el Guadalajara, el viernes, ante Santos Laguna.

Empatar, en casa, un encuentro al que se llegaba como favorito, a la vista de las circunstancias, como el que sufrió —¡ese es el verbo que queda a la medida a la oración!— el Atlas, la noche del sábado ante Tijuana, deja en el paladar (y en la memoria, y en la conciencia), por contrapartida, un intenso sabor a derrota.

O empatar —ya encarrerados— como empató el Puebla como visitante de los “Pumas”, ayer domingo, encontrándose con dos goles, ya en tiempo de compensación, cuando los simpatizantes del equipo que acudieron al estadio ya iban a tres cuadras y los que lo veían por televisión o lo escuchaban por radio ya habían cambiado de canal, convencidos de que la historia estaba escrita y sus favoritos muertos y sepultados, deja la convicción de que los dioses tuvieron la merced de obsequiarlos con un milagro manifiesto.

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El empate del Guadalajara en Torreón reanimó la fe de los seguidores del equipo más popular de México. La simple presencia de José Luis Real en el puente de mando, más la poda hecha en el plantel —las salidas de Michel, Reynoso, Fabián y Sabah—, sumada a un comportamiento encomiable del  “Rebaño Sagrado” tanto en el aspecto táctico como en la actitud de los jugadores, invita a pensar, en efecto, en que, aun sin ser el Porsche que decía su dueño, el cuadro rojiblanco tampoco es el “Vocho” que pareció, semana tras semana, en el precedente Torneo de Apertura.

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Lo del Atlas, en cambio, sin desmoralizar a nadie, preocupa, con justificada razón, a los devotos de la causa…

Con todo y el hándicap que significaban las ausencias de Bravo (transferido al Guadalajara), Vuoso y Santos (suspendidos ambos), enfrentar, en casa, a un Tijuana que no es ni sombra del campeón de hace tres torneos, comprometía a los rojinegros a mostrar algo más que la mejoría que acusó en el aspecto defensivo.

En el otro departamento, el Atlas del sábado fue más ingenuo y más inofensivo que la mente de una novicia: algo encomiable en el convento… y censurable en una cancha de futbol.
 

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