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* “Muy su vida…”

* “Muy su vida…”

* “Muy su vida…”

Aunque merece el rango de noticia porque se trata de figuras públicas, el caso de los futbolistas colombianos William Palacios y Julián Quiñones, cesado el primero y sancionado el segundo por haber participado en una riña en un bar, no constituye una novedad absoluta…

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La proclividad de los futbolistas profesionales a la juerga —lo mismo para festejar victorias que para encontrar en el alcohol y lo que sigue consuelo para las derrotas— no se diferencia demasiado de la tendencia de otros deportistas o artistas a buscar expansiones que ocasionalmente devienen en incidentes graves… o aun en tragedias.

Los incidentes en que participaron los dos jugadores de Lobos BUAP —equipo sensación en el arranque del Torneo de Apertura, al sumar un empate y dos victorias en sus tres primeros partidos en el máximo circuito del futbol mexicano— obligaron a recordar algunos episodios recientes. Entre los más sonados, por la trascendencia que alcanzaron, el de Salvador Cabañas (que recibió un balazo en la cabeza, hace 10 años, y vive para contarlo… aunque el episodio arruinó su exitosa carrera en las canchas) y el de los necaxistas Luis Gorocito y Alejandro Molina, encarcelados hace dos años a raíz de una gresca en que falleció uno de sus antagonistas. Y entre los ya no tan recientes, pero en su momento muy sonados, las trágicas muertes de Octavio Muciño y Jaime López, jugadores ambos del Guadalajara.

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Hay que decirlo con todas sus letras: aunque en esos casos ocurrieron verdaderas desgracias, y en otros el desenlace incapacitó a sus protagonistas para proseguir su actividad profesional, no se trata de casos aislados. Con demasiada frecuencia —sobre todo ahora que las redes sociales invaden de manera inmisericorde la vida privada de las personas públicas— las juergas se han quedado en el terreno de la anécdota; escandalosa, pero anécdota al final de cuentas. Otros episodios han revestido gravedad extrema.

El asunto va ligado a la formación de los futbolistas como personas; a su entorno familiar; al cuidado de sus dirigentes por aleccionarlos al efecto de que administren las facultades que la naturaleza les dio para sobresalir en una actividad en que el éxito económico y social son consustanciales: un éxito para el que no todos están preparados, y para el que casi todos tienen una salida fácil: el argumento de que “son jóvenes”… y el adicional de que es “muy su vida”.

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