Domingo, 12 de Octubre 2025

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— Limosnas

Por: Jaime García Elías

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El proverbio chino recomienda: “Dale un pescado a un hombre, y comerá un día; enséñalo a pescar y comerá todos los días”. Los políticos mexicanos que han conseguido escalar las cimas del poder —arrastrándose, generalmente— lo perfeccionaron: “Dale un pescado a un hombre, y tendrás su voto el día de las elecciones; enséñalo a pescar... y el muy ingrato se olvidará de que te debe la vida”. —II— Viene a cuento la cita por las informaciones difundidas a últimas fechas por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) acerca de la lacerante realidad económica en que viven la mayoría de los mexicanos. (Una realidad, por cierto, muy diferente a la de los cuentos chinos de ciertos precandidatos particularmente diestros en inventar medallas para colgárselas de las solapas ellos mismos). Según el Coneval, sólo en cuatro estados de la República se consiguió reducir los índices de pobreza entre 2008 y 2010: Puebla, Coahuila, Morelos y Michoacán. Las tres entidades, en cambio, que registran el mayor aumento en el número de personas en situación de pobreza extrema (es decir, personas cuyos ingresos son menores al equivalente a un dólar diario) son el Estado de México, Veracruz... y Jalisco. El presupuesto anual destinado a programas orientados al combate a la pobreza, a través de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), es de casi un billón y medio de pesos. Y aunque el discurso oficial —desde el sexenio en que Carlos Salinas tomó prestado el nombre de los sindicatos polacos que tuvieron a Lech Walesa como su líder visible y al Papa Juan Pablo II como su líder invisible para convertirlo en bandera de su gobierno— enfatiza la Solidaridad como el ideal de dichos programas, muchos de ellos se quedan en el terreno de la caridad, por no decir que de la limosna. Con un agravante: que se aplican, en la mayoría de los casos, un poco con el espíritu de beneficiar a los que menos tienen, de las aportaciones que hacen, vía impuestos, los que tienen más... y un mucho con la perversa intención de conseguir, mediante la difusión de las bondades de dichos programas, un lucro político. —III— Quizá no venga al caso, pero entre esos “evangelios chiquitos” que, al decir de las abuelas de antes, son los refranes, hay uno que afirma que “Cuando un político regala una rosquita de harina, es porque ya se ha apropiado de 100 cargas de trigo”.

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