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Lunes, 20 de Noviembre 2017

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* Dos máscaras

* Dos máscaras

* Dos máscaras

En el Draft de futbolistas, como en el telón de boca de los teatros, podían verse dos máscaras con gestos contrastantes: la comedia y la tragedia…

Aquélla era encarnada por los dirigentes que habían hecho una adquisición espectacular, y por los jugadores que habían conseguido un contrato jugoso, con una prima millonaria por la transferencia y un salario acorde a su rol de figuras. Ésta, por los jugadores que se apersonaban por ahí —antaño en Acapulco, de unos años a la fecha en Cancún—, ninguneados, prácticamente desempleados, conscientes de estar jugando los tiempos extra de su carrera, con la esperanza indecisa de encontrarse tirado un boleto de la Lotería, ya no con la ilusión de sacarse el Gordo sino de conseguir un reintegro como premio de consolación: un contrato para sacarle algún beneficio pecuniario al futbol que aún les quedaba en las piernas, antes de resignarse a buscar el pan de sus hijos y el suyo propio en otros menesteres menos amables… y menos lucrativos.

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De los dirigentes que acuden al Draft animados por el propósito de encontrar los dos o tres jugadores que —suponen— serán capaces de convertir en protagonistas del próximo campeonato a conjuntos que se quedaron en los niveles de mediocridad correspondientes a la mayoría, pocos hacen efectivos sus anhelos. Aunque a veces, en efecto, hacen considerables desembolsos y agregan nombres rimbombantes a sus elencos, con mucha frecuencia se quedan por debajo de las exigencias de los simpatizantes del equipo… y de sus propias pretensiones.

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La realidad, con demasiada frecuencia, resulta frustrante…

La explicación es simple. Por una parte, “no todos los caminos están hechos para todos los caminantes”. La advertencia de Goethe aplica a los casos de muchos jugadores que, tras realizar campañas espectaculares en un equipo, se quedan por debajo de su propio nivel en cuanto cambian de aires. La lista de desencantos —para los dirigentes, para los aficionados… y para los propios jugadores— es inabarcable. Por otra, la experiencia demuestra que la demanda, en cuestión de talentos futbolísticos, supera a la oferta.

Ahora mismo, a la vista de los seis o siete jugadores (Ruidíaz, Carmona, Quintero, Aquino, Damm, Sosa, Caraglio) que muchos medios coinciden en calificar como “objeto del deseo” de los dirigentes más apremiados por la necesidad de incorporar figuras a sus planteles, es evidente que la mayoría saldrá del cónclave en Cancún con las manos vacías.

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