Ideas | — “Caiga quien caiga” Por: Jaime García Elías 5 de septiembre de 2011 - 02:00 hs — “Caiga quien caiga” Podría darse crédito a la palabra del Presidente Felipe Calderón, en lo que atañe a que se actúe “sin miramientos” en la revisión de las condiciones en que operan los casinos en México y a las “instrucciones terminantes” de que se llegue “hasta sus últimas consecuencias” en la investigación de la tragedia del Casino Royale, de Monterrey... si la historia lo avalara. Pero como “nones”... * Claro: hay casos anticlimáticos; asuntos mediáticos, en que las conclusiones resultan decepcionantes para quienes preferirían que todos los crímenes escandalosos tuvieran desenlace de novela. Si casos como los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo se resolvieran “al gusto del cliente” —de la chusma, se diría—, es poco probable que Mario Aburto estuviera en Almoloya, sentenciado a una larga condena, y es obvio que no pasaría como “verdad oficial” la hipótesis de la confusión en el crimen del que fuera arzobispo de Guadalajara. Si los delitos que necesariamente debieron haberse cometido en el caso de las explosiones en el Sector Reforma de Guadalajara, hace ya casi 20 años, se hubieran sancionado con la severidad con que se prometió en su momento, “cayera quien cayera”, en el discurso, la sociedad hubiera podido ahorrarse el oprobio de comprobar, con dolor e impotencia a partes iguales, que no han cambiado las cosas: en este bendito (pese a todo...) país, la simulación y la impunidad siguen siendo la regla; la estricta aplicación de la justicia... la excepción. * En el caso del Casino Royale, como se cacareó hace una semana, unos cuantos días después de la tragedia que conmocionó a la opinión pública, ya cayeron cinco peones. Es probable que caigan, en el corto plazo, los siete más que supuestamente ya están identificados, según se informó a las 72 horas del funesto episodio. Pudiera ser, también, que se demostrara la complicidad de los policías que permanecieron suspechosamente pasivos en el momento del ataque, que se les pusiera nombre, apellido y rostro, y aun que se les detuviera, se les presentara y se les instruyera el proceso judicial correspondiente. La duda, en todo caso, estriba en si, además de los peones, también caerán los caballos, los alfiles, las torres y las demás piezas de ese ajedrez terrorífico. La duda estriba en si la red que ya demostró su capacidad para atrapar pargos, truchas y charales, será capaz de atrapar tiburones y barracudas. La historia —¿qué se le va a hacer...?— recomienda oponer, al optimismo oficial, a los desplantes de fanfarrón de taberna de los discursos gubernamentales, el escepticismo. Después de todo, “la burra no era arisca”... Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones