Viernes, 21 de Junio 2024

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- Aires tapatíos

Por: Jaime García Elías

- Aires tapatíos

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Pepe Guízar tuvo suerte. Por intentar una comparación —ya se sabe que son odiosas... pero muchas veces resultan, también, inevitables—, tuvo la suerte que no tuvieron, por ejemplo, Alberto Escobar o Paco Padilla. Así, cuando Pepe compuso Guadalajara (hace 60 años, según sus biógrafos), incorporó en su letra elogios al medio ambiente que hoy en día no pasarían ni por licencias poéticas; si acaso, por “fumadas”. Empero, difícilmente encontraría un intérprete que accediera a entonar, sin que le creciera la nariz —como a Pinocho—, las coplas en que afirma que Guadalajara huele “a limpia rosa temprana”... o, después de sus proverbiales aguaceros, “a tierra mojada”.

-II-

La “Perla de Occidente” que Pepe Guízar tuvo la dicha de conocer —digámoslo sin anestesia—, ya no existe. De ella queda, si acaso, un grato... aunque cada vez más lejano recuerdo. Se diría que casi cualquiera podía ser músico-poeta, antaño, porque la materia prima de la inspiración salía continuamente al paso; pretender serlo ahora es bastante más difícil. Y es que, en doloroso desacato a la emocionada petición que le hiciera monseñor José Ruiz Medrano en alguna de sus magistrales piezas oratorias (un poco a la manera de Ramón López Velarde, que en sus versos a la “Suave Patria” le demanda: “Sé siempre igual: fiel a tu espejo diario”), Guadalajara cambió... Y, por desgracia, en más de un aspecto, para mal.

-III-

La nota de ayer en estas páginas, por ilustrar el aserto, sostiene que, uno de cada tres días, el aire que respiran los tapatíos es de mala calidad. Y no alude únicamente a los fétidos olores que lo caracterizan en muchas zonas de la ciudad —y que, por respeto a los molletes del lector amable, no se identifican—, sino a los contaminantes que, a querer o no, el feliz vecino de esta “Tierra de Dios y de María Santísima” se mete entre pecho y espalda cada vez que tiene la temeraria ocurrencia de inhalar.

La autoridad promete mejorar los sistemas de medición de la calidad del aire; hacerlos —para decirlo en una palabra— más veraces...

Mejorar la calidad del aire ya es harina de otro costal: una encomienda que puede hacérsele a Pepe Guízar, si se promueve el proceso para su canonización, y se condiciona, para culminarlo, al milagro de que el aire de Guadalajara vuelva a ser como el que él respiraba cuando compuso la célebre canción.
 

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