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Martes, 12 de Diciembre 2017
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Jalisco

Guadalajara subsistió con sus propios ríos y manantiales

Durante los últimos 50 años, la metrópoli ha dependido por completo del Lago de Chapala

En la actualidad, el Área Metropolitana de Guadalajara atraviesa por un momento delicado en materia de abasto de agua potable. Desde enero de 1991, cuando se inauguró el  Acueducto Chapala-Guadalajara, esta casa editorial ha documentado que no se ha concretado una nueva obra para atraer agua a la metrópoli. Pero antes de que la vida en la ciudad dependiera en gran medida del lago existió un prolongado periodo de autosuficiencia.

Los investigadores Mario E. López Ramírez y Heliodoro Ochoa García, del repositorio institucional del ITESO, retratan ese periodo en su libro “Geopolítica del agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara: historia y situación actual del espacio vital”.  

Durante 416 años, Guadalajara fue autosuficiente. Desde antes de su fundación, en 1541, la ciudad cubrió sus necesidades de agua con sus propios acuíferos. Para 1600, los manantiales del Bosque Los Colomos fueron canalizados para la distribución. Las primeras obras aprovechaban la topografía de la ciudad y encauzaban el agua por gravedad.

En 1731, fray Pedro Antonio Buzeta construyó el primer acueducto, que básicamente consistía en pozos y tanques elevados que distribuían el agua impulsándola con energía de vapor. La obra del religioso franciscano resultó útil hasta 1933, cuando el Sur de la ciudad comenzó a crecer y se requirió intensificar la extracción de agua del subsuelo.

“El último momento de autonomía se da en un contexto de explosión demográfica-urbano-industrial de la ciudad, a partir de 1950, como parte de los planes de modernización nacional”

Durante siglos, se expone en el documento, la ciudad sobrevivió gracias a su cercanía con los ríos San Juan de Dios y Atemajac. Los manantiales de Agua Blanca, San Andrés, San Ramón, Mexicaltzingo y Agua Azul eran otro despresurizador. Las obras de fray Pedro Antonio Buzeta resultaron tan efectivas que incluso sobrevivieron a la Revolución Mexicana. La zona metropolitana se organizó  en patronatos y juntas, que para marzo de 1978 se fusionaron y dieron vida a lo que se convertiría en el Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado: el SIAPA.

La década de los 50 trajo consigo grandes cambios. La ciudad superó los 450 mil habitantes y sus necesidades crecieron en consecuencia. Los periodos de sequía también influyeron y las autoridades se vieron obligadas a firmar convenios de aprovechamiento de agua superficial. En 1957, Guadalajara comenzó a recibir agua desde Chapala a través del Canal de Atequiza. Para 1991 (34 años más tarde), se inauguró el Acueducto Chapala-Guadalajara.  Hoy, seis de cada 10 tapatíos consumen agua de ese lago.

Pero no sólo fue la necesidad de los ciudadanos la que obligó a esa obra, o a la habilitación de presas entre las décadas 60 y 80. La demanda del corredor industrial, que inició en El Salto y hoy se expande hasta Ocotlán, fue un factor adicional. Así, el Gobierno del Estado impulsó la construcción del Acueducto Chapala-Guadalajara para resolver la presión industrial.

Con esa dependencia de las aguas del Río Lerma, y el incremento sostenido en habitantes, Guadalajara creció sus consumos de agua. Jalisco comenzó a explotar otras opciones para abastecer a la ciudad. Para finales de la década de los 90 se habló de un crédito japonés para destinar a obras hídricas, pero el Congreso del Estado no lo autorizó.

IMAGEN 1991

“Desde el último proyecto, la Presa Calderón, allá por 1991 a 1992, no se habían hecho alguna otra obra de importancia o relevancia para abastecer de agua a la ciudad. Era un proyecto muy ambicioso porque contemplaba el aprovechamiento del Río Verde, como se ve ahorita”, dice el académico de la Universidad Panamericana (UP), Carlos Ornelas Orozco.

Durante el sexenio del panista Francisco Ramírez Acuña, agrega el profesor, se impulsó la construcción de la presa de Arcediano, que a la distancia se tradujo en el retiro del puente ubicado en el fondo de la Barranca de Huentitán y el desalojo de los habitantes de la zona. Para 2009, la administración del ex gobernador  Emilio González la canceló, por cuestiones presupuestales y de condición de suelo. “Los cimientos costarían lo mismo que la cortina; saldría carísimo”.

Así, el siguiente proyecto fue la construcción de una presa que aprovechara el agua del Río Verde y la encauzara tanto a Los Altos de Jalisco como al Área Metropolitana de Guadalajara y a la ciudad de León, en Guanajuato: El proyecto El Zapotillo. Un embalse que ha tenido resistencia desde que se anunció, en 2006, debido a que su construcción y llenado significa la anegación de los poblados alteños de Temacapulín, Acasico y Palmarejo.

El Gobierno del Estado, por su parte, apostó a la construcción de una presa derivadora: El Purgatorio, que encauzaría el agua del Río Verde enviada desde El Zapotillo, para desde ahí impulsarla a la ciudad. Presa que en la actualidad registra un 35% de avance.  “Es parte del proyecto original de La Zurda-Calderón. Se retomó en esta administración”, dice Carlos Ornelas.

Con el crecimiento demográfico en Guadalajara, la cantidad de nuevos desarrollos habitacionales y las nuevas firmas asentadas en la Entidad, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) autorizó en 2014 la perforación de 22 nuevos pozos y la rehabilitación de 17 más, para que la metrópoli recibiera mil litros por segundo adicionales.

Pero salvo eso, y debido a problemas de orden judicial que mantienen frenadas las dos presas en construcción, la ciudad de Guadalajara continúa abasteciéndose con las mismas fuentes que hace 26 años.