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Miércoles, 17 de Octubre 2018

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Entretenimiento | El investigador Jorge Olvera rescata su devenir histórico.

Documentan en un libro la evolución de los mercados en México

El historiador e investigador Jorge Olvera Ramos, es autor del libro Los mercados de la Plaza Mayor en la Ciudad de México.

Por: EL INFORMADOR

MÉXICO.- Junto con sus vicios, los mercados mexicanos actuales descienden, en mayor medida, de las prácticas comerciales europeas, que de los tianguis precolombinos, afirmó hoy aquí el historiador e investigador Jorge Olvera Ramos, autor del libro "Los mercados de la Plaza Mayor en la Ciudad de México".
La costumbre de otorgar "mordidas" o dispendios para obtener un pedazo de suelo dónde vender, así como la oferta de productos robados y el caos de los mercados actuales, dijo, proviene principalmente de prácticas coloniales importadas del Viejo Mundo. En entrevista con Notimex, realizada a propósito de la aparición del libro publicado por Ediciones Cal y Arena, el especialista en comercio urbano dijo, además, que muchas de esas prácticas coloniales pasaron a través de la historia a mercados y zonas como La Lagunilla y Tepito.
Este tipo de actividades, dijo, "continua de alguna forma en otros mercados de México, como La Lagunilla y Tepito. Y aunque no se da a partir de la misma práctica mercantil, el telón de fondo sigue siendo un problema económico donde la ciudad no ofrece opciones a sus habitantes".
Estimó que las continuidades existen, "pero no es tan directo pensar que un mercado mexicano del presente sea un retrato de uno precolombino; los nacionales de hoy tiene más de los españoles y los europeos en general, que de los indígenas".
Al igual que los establecimientos mercantiles de la Colonia, señaló, "los mercados modernos se caracterizan porque no hay especialización, se vende de todo y en todos lados, frente de los puestos se colocan vendedores con canastas que complementan la venta, y existen los pagos informales o "mordidas" que hoy son populares".
En su libro, Olvera Ramos, quien se desempeña como profesor de Historia Novohispana en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), desentraña la historia de los mercados que ocuparon durante más de 300 años la Plaza Mayor de la capital, actual Zócalo Metropolitano y sitio emblemático por excelencia de esta ciudad.
Durante el Virreinato, "la plaza no tenía las connotaciones del espacio público que tenemos en el presente". Desde quellos años, posteriores a la Conquista, el Zócalo era un espacio simbólico, porque en torno a su perímetro estaban los edificios más importantes como la Catedral, el Palacio Virreinal o las Casas del Ayuntamiento.
Ahí también se encontraba la pila o fuente pública, donde la gente que no tenía toma de agua individual, acudía para abastecer sus necesidades de ese líquido. También se hallaba en ese lugar la picota y la horca, que eran los instrumentos de justicia, explicó. Sigue...dos... junto. Dos... junto... explicó.
"Era un espacio de amplia sociabilidad, ahí se leían las noticias, antes de que hubiera diarios, a través del pregón, y la gente acudía a comprar sus mercaderías, a enterarse y a mostrarse".
En ese contexto, a partir de 1533, comerciantes profesionales, básicamente europeos y sus descendientes americanos, así como indígenas y mestizos, comenzaron a ocupar este espacio como un enorme mercado. Las investigaciones de Olvera han revelado que se trataba, en realidad, de tres diferentes espacios comerciales.
El primero de ellos, señaló, era el mercado de productos ultramarinos, donde se ponían a la venta las importaciones que venían de más allá del océano, y que estaba constituido por los famosos cajones de mercaduría a cargo de los mercaderes profesionales, casi siempre europeos o descendientes de europeos.
Ahí, dijo, "operaba la economía monetaria y se ofrecían las importaciones, desde objetos de lujo como vajillas chinas, sedas, porcelanas, alfombras y tapetes, y productos de metal como espadas y arcabuces, así como comestibles que venían de Europa, entre ellos vinos, aceite de oliva y embutidos".
Este tipo de comercio fue el primero en establecerse en la Plaza, debido a que sus protagonistas, con recursos económicos, podían arrendar sitios a las autoridades, sin ningún problema, para asentar sus cajones de madera.
Esos cajones, agregó, "se podían arrastrar y moverse de lugar. Los comerciantes profesionales se establecieron en la Plaza desde 1533, y durante todo el periodo colonial, alrededor de tres siglos, bajo la forma de un edificio conocido como El Parián, que ocupaba una tercera parte de la Plaza.
Este edificio, permaneció en el Zócalo hasta 1847 cuando Antonio López de Santa Anna lo mando derribar.
En el lugar existía además el Mercado de Bastimentos, donde se ofrecían productos perecederos como frutas, verduras o flores, y animales vivos como gallinas, pollos, conejos, cerdos, carneros y chivos. Este mercado era conducido por los indígenas que estaban obligados por la ciudad a abastecer a los vecinos.
El tercero, al centro de la Plaza, era el del Baratillo, donde se vendían e intercambiaban las manufacturas artesanales, elaboradas al margen de los gremios y "cuyos productos no fueron considerados de primera calidad; No permitían vender alfombras que venían de Europa junto con los petates de Azcapotzalco".
Ahí estaban las manufacturas que elaboraban los indígenas, como petates, sombreros, canastas, loza, tejidos y textiles de algodón, además de que se ofrecían artículos de segunda mano o usados.
Los dos últimos, señaló, "fueron considerados los mercados municipales, de la Ciudad de México, y se empezaron a establecer en la Plaza desde el siglo XVI, entre 1560 y 1570, y permanecieron ahí hasta 1792, casi a finales de la Colonia".
Fue en esos años, cuando al virrey Revillagigedo, de ideas afrancesadas, le pareció absurdo que los mercados ocuparan la Plaza, por lo que a través de un edicto impositivo, creó el Mercado Principal de la Ciudad de México "con el propósito de desembarazar la Plaza".
De esa manera, el Mercado de Bastimentos se trasladó a la Plaza del Volador, que se ubicaba donde hoy esta el edificio de la Suprema Corte de Justicia, al lado de Palacio Nacional. Ahí los últimos años de la colonia y buena parte del siglo XIX, hasta que en la época de Benito Juárez se construyó el Mercado de la Merced.
En tanto, El Baratillo "abandonó la plaza y se trasladó a la Plazuela Cruz del Factor, en el actual edificio de la Asamblea de Representantes en las calles de Allende y Donceles. Ahí estuvo durante finales de la Colonia y buena parte del XIX, hasta que en la época de los liberales se construyó el Mercado de la Lagunilla".
Junto con sus primeras identidades, uno como espacio para productos perecederos y otro para productos de segunda mano y artesanales, los mercados se trasladaron con todo y sus practicas, que de acuerdo con el especialista se siguen conservando.
"Los mercados de la Plaza Mayor en la Ciudad de México" será presentado este jueves en el Centro Cultural Isidro Fabela (mejor conocido como La Casa del Risco), en la Plaza San Jacinto de San Angel, al sur de la ciudad.

Redacción/El informador, 6/03/08, RNGZ.

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