Chivas y Nike: la historia de una alianza planeada para durar seis años, pero terminó en cinco partidos
Deportes | A propósito por Jaime García Elías A propósito No vende, no sirve... Por: EL INFORMADOR 13 de marzo de 2010 - 05:49 hs En el futbol-industria (hijo natural del futbol-deporte), hay una regla de oro: “Si no vende..., no sirve”. Por supuesto, esa regla es legítima. Es válida. Quienes deciden incursionar en ese mundo raro, no tienen la obligación de hacerlo por altruismo; aunque se insista en que “el futbol no es negocio” y en que “los clubes deportivos no se rigen por criterios lucrativos”, quienes invierten su dinero en esa actividad están en todo su derecho de aspirar a que los equipos y las cada vez más complejas estructuras organizativas que los hacen posibles, aspiren, por lo menos, a recuperar dichas inversiones. En el caso de los actuales dueños de los destinos del Guadalajara y la decisión, estentóreamente proclamada el jueves pasado, de restituir a las mercancías que venden —camisetas, calcomanías, tazas, llaveros y un largo etcétera— el diseño original del escudo del equipo más popular de México, expresiones como “enmendar”, “rectificar”, “escuchar a los aficionados”, “reconciliarse con la tradición”, “reencontrarse con la historia” y todas los demás, suenan muy bonitas, muy melódicas, muy dulces a los cándidos oídos de los consumidores que aún no mudan los dientes. Y suenan así porque se trata de eufemismos: son expresiones amables a las que se recurre para no tener que llamar a las cosas, con crudeza, por su verdadero nombre. Los aficionados aceptan los cambios que periódicamente se hacen a los uniformes de los equipos y arrumban los que se han usado en las campañas anteriores, no porque los nuevos sean mejores que los viejos o más bonitos que el original; los aceptan porque es la moda. El éxito o el fracaso de un producto —desde el sabor de un refresco hasta el diseño de un automóvil de lujo, pasando por los accesorios del uniforme de un equipo de futbol— puede medirse, sin temor a equivocarse, a través del parámetro de las ventas. En esas condiciones, es perfectamente lógico que los dueños de la marca comercial denominada “Club Guadalajara” saquen el choclo y regresen presurosos a esas cosas que llaman “tradición”, “historia” y similares, en cuanto captan que los tiros de los cambios les salieron por la culata. Ya si quieren adornarse con un rollo de un diestro en el arte de evitar llamar al pan pan y al vino vino, es asunto suyo... No faltará, al final de cuentas, el ingenuo que se los compre. Temas A propósito Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones