Viernes, 17 de Enero 2020
Cultura | Ahí se conmemoran el viaje del sabio budista Kukai en el siglo X, el camino por el que encontró la pureza

Shikoku, la isla más sagrada y misteriosa de Japón

En la isla hay 88 templos

Por: EFE

TOKYO, JAPÓN.- La isla de Shikoku, cuyo nombre significa cuatro países, es el escenario de un peregrinaje milenario en uno de los paisajes más inhóspitos y abrumadores de Japón, al que acuden peregrinos de todo el país para alejarse de la rutina de la ciudad.

Hasta hace algo menos de tres décadas, cuando la meridional isla de Shikoku se unió a la vertebral Kyushu por un conjunto de puentes que aún mantienen el título de los más largos del mundo, las cuatro provincias (Ehime, Kagawa, Kochi y Tokushima) que las componen eran unas desconocidas para la mayoría de los nipones.

Los peregrinos que por aquel entonces se aventuraban a recorrer los 88 templos que escalonan la ruta sagrada de la accidentada isla a menudo desaparecían sin dejar rastro, lo que aumentó la leyenda de esta región, cuyos lugareños son famosos por su carácter independiente.

Shikoku ha ido adquiriendo también con los nuevos tiempos un renovado protagonismo y se ha convertido en un refugio para los que se han cansado de la rutina de las megápolis niponas, especialmente para los populares "salaryman" que pueblan los distritos financieros de ciudades como Tokio u Osaka.

La ruta de más de mil 200 kilómetros de peregrinaje recorre 88 templos repartidos por toda la isla que conmemoran el viaje del sabio budista Kukai en el siglo X, el camino por el que encontró la pureza.

Al acercarse a uno de los templos que componen el camino, comienzan a abundar los peregrinos, jóvenes y mayores, que llegan a los puntos de encuentro del viaje en los más diversos medios de locomoción o a pie.

Uno de ellos se aproxima en una bicicleta plegable con un GPS instalado en una videoconsola portátil -estamos en Japón- pero lo que los asemeja a todos es su tradicional indumentaria de estricto color blanco.

Los paralelismos con el camino de Santiago, principal ruta de peregrinación católica, son obvios. Como la tradición de acoger a los viajeros desinteresadamente en los templos o las indicaciones que salpican los caminos más inaccesibles de la montañosa isla.

El desarrollo de infraestructuras en Japón, especialmente de las ferroviarias, ha facilitado a los que reniegan de la vida moderna perderse en los bosques y templos de Shikoku sin demasiadas concesiones.

No obstante, el camino de la rectitud y la reflexión exige otros sacrificios, como levantarse a las seis de la mañana si uno se aloja en uno de los albergues de la ruta al ritmo de sutras budistas.

Como contraparte, los viajeros son recompensados con obsequios de los isleños en forma de refrescos o comida, e incluso pueden asistir a los tradicionales festivales de baile de Shikoku (Awa Dori) en los que niños y mayores danzan batiendo abanicos al ritmo de tambores.

En la gastronomía de isla destacan los famosos "Udon" de Shikoku, gruesos tallarines hechos de harina de trigo que se acompañan de sopa con diversos sabores y que, a pesar de que se elaboran en todo el país, son considerados los mejores del archipiélago.

Para el descanso, Shikoku reserva al visitante una de las mejores zonas de "onsen" de todo el país, baños públicos arraigados en la tradición japonesa y que se surten por lo general de aguas volcánicas.

Entre ellos destaca el "Onsen Dogo" en la ciudad de Matsuyama, el centro de aguas termales más antiguo de Japón (tres mil años), que con sus tradicionales edificios de madera nos transportará a la película de anime del gran Hayao Miyazaki "El viaje de Chihiro".

Los antiquísimos pórticos del "onsen", las casas y los pequeños restaurante de "udon" fueron la inspiración del universo onírico creado por Miyazaki en esa oscarizada película.

Ese universo de magia, espíritus y naturaleza rodeará al visitante durante todo su viaje: en los frondosos bosques, las empinadas montañas, los desfiladeros y unas playas solitarias frente a las que aun merodean ballenas.

En el valle de Iya, un corte casi vertical en una cordillera que roza los dos mil metros, los viajeros pueden disfrutar de algunos de los más bellos paisajes montañosos de Japón y de unos pueblos aún por explorar, con el atractivo turístico de unos puentes colgantes que fueron vitales antaño para unir ambos lados del valle.

El más famoso de ellos es el puente de Oku-iya, un paso oscilante hecho de troncos y lianas a la manera tradicional, que desemboca en un pequeño pueblo de casa de madera donde los vecinos alojan a los visitantes y ofrecen comida tradicional.

Para llegar a la zona, se puede hacer en tren a la cercana estación de la aldea de Oboke (paso grande peligroso), aunque muchos prefieren hacerlo en moto para disfrutar de la sinuosa carretera que llega a Koboke, cercana a la anterior (paso pequeño peligroso).

En el cercano río Yoshino se puede practicar "rafting" o acampar mientras se disfruta de una barbacoa de truchas.

La vuelta para los aventureros puede transcurrir por las carreteras que cruzan el valle a través de bosques de bambú y cascadas, que a veces pasan de espectáculo a auténtico peligro vial.

Los más arriesgados suelen optar por la popular "Super-Rindo", una carretera que bordea un desfiladero que transporta a la época de los primeros viajeros de Shikoku, a través de una montaña que hará las delicias de quienes buscan emociones en el cívico y ultraseguro Japón.

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