Cultura | ''Sam No es Mi Tío, Veinticuatro Crónicas Migrantes y un Sueño Americano'' Micro-historias de la América contemporánea El periodista argentino Diego Fonseca coordinó y editó el libro ''Sam No es Mi Tío, Veinticuatro Crónicas Migrantes y un Sueño Americano'' Por: EL INFORMADOR 11 de junio de 2012 - 00:48 hs Jon Lee Anderson retrata el sentir del día a día de los latinos migrantes en Estados Unidos. ESPECIAL / GUADALAJARA, JALISCO (11/JUN/2012).- Mirar a Estados Unidos con ojos latinos, y a los latinos como parte de ese gran melting pot norteamericano. Ofrecer un panorama diverso de las realidades de los migrantes –legales o no— en un momento de crisis estructural de la potencia mundial. Ver de cerca las contradicciones de las identidades, las fronteras y las grandes narrativas a través de 24 crónicas. "Sam No es mi Tío, Veinticuatro Crónicas Migrantes y un Sueño Americano" lleva como subtítulo del libro recién publicado por Alfaguara, un proyecto editorial coordinado por el periodista y escritor argentino Diego Fonseca, con apoyo de la académica de la Universidad de Texas, Aileen El-Kadi. Cuenta Fonseca que la idea del libro se cocina desde que Latin Trade, la revista que dirigió hasta 2008 en Miami, se declaró en quiebra por la caída de la Bolsa y la consecuente reducción de los contratos publicitarios. El hoy editor at large de la revista de crónicas Etiqueta Negra, se encontró con la crisis en el lugar menos esperado. “Empecé a trabajar sobre eso y a investigar en qué medios podía publicar crónica en español en Estados Unidos”, dice Fonseca. “No encontré nada y terminé armando un grupo de 20 cronistas, escritores, narradores y periodistas latinoamericanos viviendo allí y dije: ‘de aquí tiene que salir algo’”. Escriben estos relatos de la microhistoria americana contemporánea —además de los dos editores— Jorge Volpi, Daniel Alarcón, Jon Lee Anderson, Yuri Herrera, Diego Enrique Osorno, Edmundo Paz Soldán, Carola Saavedra, Wilbert Torre, Eloy Urroz Hernán Iglesias, Eduardo Halfon, entre otros autores. Del clásico Tío Sam –la personificación nacional del país del Norte— al Sam de la portada de este libro sólo le quedan las ropas con los colores nacionales de Estados Unidos. Este Sam no es un viejo anglosajón de pelo blanco y barba de chivo, sino un Sam más joven, moreno, con el cabello negro hasta los hombros. Aunque su historia no está incluida en la recopilación de relatos, Fonseca planea la próxima realización de una crónica escrita y una radial. “Se llama Jesús, es cubano. Él dice que fue actor y poeta en La Habana, y ahora es un hombre sándwich, de esos que se ponen carteles adelante y atrás para publicitar a un abogado de impuestos en Miami. En la Calle 8, la calle más paradigmática de Little Habana. Y él no está caracterizado, está vestido de Tío Sam a diario para hacer su trabajo”. —¿Por qué es importante contar historias individuales acerca de un fenómeno tan macro como los migrantes latinos en Estados Unidos? —Es muy complejo poder explicar un país en general, e intentar ser totalizador y absoluto en esa explicación es imposible. Por lo general, el intento histórico de explicar la relación entre Estados Unidos y América Latina es político. Nosotros preferimos bajar esas abstracciones a nivel de la tierra, eso significa poner estas conversaciones que se dan entre Estados Unidos y los latinos contadas a partir de la vida cotidiana. La vida de todos nosotros puede traducir las contradicciones y los conflictos más universales: el odio, el amor, el deseo, la envidia, la ambición, el fracaso. Y estas 24 historias cuentan eso, tanto desde la perspectiva de los cronistas en sentido autobiográfico, o ellos como filtros en la lectura y narración del caso de terceros. Y hay otro factor: que la gente se identifica en un caso en el que pueden verse a sí mismos o a alguien a quien conoce, a diferencia de una historia en la que tienes una construcción teórica, una enorme abstracción en la que las referencias empíricas no son nada. —¿Qué características tienen los escritores que fueron convocados a participar en el proyecto? —Hay de todo. Jorge Volpi para mí es uno de los mejores ensayistas de nuestra generación. Cronistas que conocen muy bien el mercado hispano electoral como Wilbert Torre; tipos que tienen un modo de escribir involucrándose y cuestionándose ellos mismos como Hernán Iglesias; que tienen una capacidad muy rápida para delinear un proceso y un boceto como Edmundo Paz Soldán; tipos que meten las manos en el periodismo infrarrealista como Diego Osorno; tipos como Jon Lee Anderson, que para mí es un cronista de referencia en lengua inglesa por su vinculación con América Latina —a través de la FNPI y porque ha vivido en la región—. Resultó complementario poner miradas, lecturas y puntos de vista tan distintos. —El fenómeno no es nuevo, ¿por qué este libro aparece ahora? —Se conjuntan varias cosas. Primero, la crónica latinoamericana está en lo que se llama su periodo de madurez. Mi editor en España me dice que están tratando de aprender la técnica latinoamericana para escribir crónica. Nosotros tenemos de García Márquez a Alma Guillermoprieto a Tomás Eloy Martínez, y sigues contando. Y a su vez el proceso es distinto porque los latinos ya tenemos suficiente espacio en los Estados Unidos —por el crecimiento demográfico— para poder mirarnos a nosotros mismos en un sentido de importancia, y para que nuestra voz pueda ser escuchada en el sentido en que no somos 10. Al día de hoy, uno de cada cuatro niños que nace en Estados Unidos es latino. También hay un factor coyuntural que es la elección, en la que los latinos van a ser cada vez más determinantes. A partir de la madurez de la crónica y la posibilidad de poder reunir este grupo de gente, para mí es el momento adecuado de que la escritura de no ficción en español siente sus reales en Estados Unidos y diga: ‘Aquí estamos y estamos para quedarnos; y para dialogar y construir cosas en común’. —¿El sueño americano está en decadencia? —El sueño americano de los años cincuenta sí. No existe. Las familias están endeudadas. Enviar a los hijos a la escuela es cada vez más caro e implica más deuda. Los empleos ya no son permanentes; ha cambiado el paradigma productivo de Estados Unidos. Ese sueño americano está roto. Como los latinoamericanos venimos de un sueño mucho más destruido, creo que este plato roto que es Estados Unidos todavía funciona para nosotros. Pero esto no quiere decir que siga así ni que los latinos se conformen con eso. Son parte activa y una fuerza motora sumamente inteligente para rediseñar otro sueño americano. Aquel Sam —el sajón— no es nuestro Sam. El nuevo tío Sam va a ser sincrético; mucho más sincrético que sajón, indio y negro. Ahora incorpora esta enorme masa de latinos multirraciales y multiculturales que no son tan fáciles de catalogar como una minoría. Somos latinos pero somos mexicanos, venezolanos, colombianos, argentinos en Estados Unidos. Y en ese sincretismo se va a definir para mí el periodo más apasionante que se viene, que es la integración societaria de una masa enorme de latinos al todavía melting pot más activo que tiene la Humanidad, que son los Estados Unidos. —¿Cómo ves a América Latina desde Estados Unidos? —Coincide con una década de asentamiento de la economía en la región. Yo veo que América Latina está en un proceso, y si se hacen las cosas bien y se administra correctamente el momento económico, están las condiciones dadas para un nuevo salto en términos de mayor integración social. Veo a América Latina sólida, como no la veía desde que nací. —Antes de mudarte a Estados Unidos viviste seis años en México, ¿qué opinas de los últimos sucesos en el proceso electoral mexicano? —Cuando vivía en México decía que esta generación de los veintes a los treinta y pico, era para mí una generación dinámica que iba a hacer muchas cosas. Hay una relación de género y de clase mucho más equilibrada e igualitaria. Y ahora se incorpora a la experiencia electoral una franja más joven y dinámica que le va a poner más chile a la discusión. Uno de los grandes beneficios del desarrollo tecnológico más la apertura económica, es que podemos estar alimentándonos de lo que ocurre en todos lados. El 15-M de Madrid, Occupy Wall Street en D.C., Libia, Egipto, el cacerolazo en Argentina, todos forman parte de una especie de conciencia grupal, idealizada o no, en la que se pueden conseguir cosas movilizándose. Creo que hay una efervescencia social interesante pero hay que tener cuidado porque por lo general estos procesos se vuelven en sí mismos o tienen serios problemas de organicidad, para estructurar propuestas. Si se modifica el proceso electoral y el próximo Presidente tiene presente que ya no es tan fácil dirigir a México sin consultar a la sociedad, será un logro FRASE"El sueño americano de los cincuenta está roto. Como los latinoamericanos venimos de un sueño mucho más destruido, creo que este plato roto que es Estados Unidos todavía funciona para nosotros "Diego Fonseca, periodista argentino. FRAGMENTOTravesías, de Aileen El-Kadi Hace poco leí una frase en un libro de un joven escritor chileno. Hablaba sobre Chile. O mejor, sobre los Chiles, así, en plural. Y sobre el peso que significaba recibir un país como herencia. Rafael Gumucio decía que una generación nunca recibe el mismo país que sus padres o abuelos vivieron. “Ese Chile que usted habita, del cual es no sólo su sobreviviente sino su único viviente”, le escribe y advierte a Nicanor Parra, “ese Chile a mí me tocó muerto.” Este texto que sigue no narra Chile, pero narra dos generaciones, la de mis padres y la mía, y el aparente círculo que se dibuja cuando dos tiempos se superponen en un mismo espacio: Estados Unidos. a. Desajustes ¿Alguien recuerda Gabriela Cravo e Canela y Dona Flor e seus dois maridos? Yo solía usar estas novelas como referencia para explicar dónde había pasado mi infancia y adolescencia. A principios de los setenta, mis padres habían decidido dejar los Estados Unidos. Ambos eran científicos: él, árabe; ella, de origen alemán. Se radicaron en un pintoresco pueblo costero del Este de Brasil habitado por un puñado de oligarcas rurales enriquecidos por la exportación de cacao y por el resto de la población: pescadores y los hijos y nietos y bisnietos de esclavos que siguieron trabajando para los capitanes de las tierras a cambio de una paga mínima. Ilhéus sería una ciudacita absolutamente inexistente para el resto del mundo si no fuera por Jorge Amado. ¿Qué hace que dos personas con doctorado, trabajos excelentes, una buena vida en un país que adoran, decidan largar todo para instalarse en un lugar desconocido rodeado de mar, barro rojo y un par de decadentes casonas de comienzos del siglo veinte? Incluso en el caso de que éstos hubiesen sido antropólogos, la cosa nunca tuvo mucho sentido para mí. La relación de mis padres con Brasil era nula. No hablaban portugués y no conocían nada de la cultura afro de la región. Siempre me dio la impresión que había algo oscuro en toda esa historia: para mí, alguien que decide hacer algo como lo que hicieron mis padres es, cuanto menos, un fugitivo de la ley. Temas Literatura Escritores Presentaciones de Libros Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones