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Suplementos | Donde al fondo se dejaba ver el legendario templo, desnudo y carente de su campanario

San Agustín

Lugar donde al fondo se dejaba ver el legendario templo, desnudo y carente de su bello campanario que presumía, de un solo cuerpo
Su belleza arquitectónica, uno de los tesoros de México. EL INFORMADOR / V. García

Su belleza arquitectónica, uno de los tesoros de México. EL INFORMADOR / V. García

GUADALAJARA, JALISCO (15/ENE/2017).- Por 1575, llegó a Zacatecas el fraile agustino, Juan de San Sebastián, un año después vino fray Juan de Adriano, con el permio concedido por el obispo Ayala para establecer una comunidad Agustina, para apoyar la evangelización. Luego se les unió fray Alonso de Quezada, quien también fuera fundador del Convento Agustino de Guadalajara, “cuyo formal permiso confirmó el Rey de España en Cédula del 10 de mayo de 1573”.

Emilio Rodríguez Flores citó: “Por el año de 1613 residía  en Zacatecas Don Agustín de Zavala, acaudalado minero, hombre desprendido y piadoso, quien constituyéndose en decidido protector de los religiosos agustinos, proporcionó los recursos para la fábrica de un convento decente y amplio, pues el que antes tenían era una humilde casa que habían ocupado los padres franciscanos… Don Manuel Correa, que fue Alcalde ordinario (por el año de 1591), probablemente afecto a los juegos de azar, se encontraba reunido con algunos amigos una noche, divirtiéndose con los naipes, y como esa misma noche ganara la respetable suma de $ 18,000.=, al día siguiente la mando poner, con $ 7,000.= más de su propio bolsillo, en manos del Prior del Convento de San Agustín, a efecto de que los destinara a la construcción de los claustros del mismo”.

Y Roberto Ramos Dávila: “Pronto los agustinos pudieron contar con bienes propios de bastante consideración, entre ellos la Hacienda de La Pastelera, cercana a Las Minas de Nieves, la que les fue cedida por Francisco Pinedo cuando éste, al quedar viudo, decidió ingresar a la orden ya bajo el nombre de Francisco de Jesús”. Se consagró en 1617 y posteriormente, “Durante algún tiempo  estuvo cerrado al culto, cuando en 1845 lo pidió el Ayuntamiento… ya que su fachada amenazaba desplomarse”. En 1863, lo denunció el general Jesús González Ortega, como bien de manos muertas y lo adquirió a bajo precio, para aquel entonces el templo ya estaba desnudo de su deslumbrante fachada barroca, el convento se convirtió en el Hotel Zacatecano y billares. Para 1882, el templo lo compró la Sociedad Presbiteriana de Misiones, posteriormente se convirtió en la vecindad San Agustín y el hotel en bodega, que para 1904 la compró el obispo Alva Franco, convirtiéndola en su morada. En 1948, el gobierno decidió rescatar la finca como patrimonio nacional, restaurando la fachada lateral, que se terminó en 1951.

Después de apreciar el arco del Jardín Morelos (con un libro, flores y guirnaldas, enmarcado por columnas estriadas, dóricas y rematadas por almenas, al fondo un monumento, donde convergen los andadores, el monumento a la Madre, una dama de pie conduciendo a su hijo de la mano) caminamos al Callejón San Agustín. Donde al fondo se dejaba ver el legendario templo, desnudo y carente de su bello campanario que presumía, de un solo cuerpo pero alto, con cubierta campaniforme y linterna, la puerta era en arco de medio punto, hoy es ligeramente arqueada. La ventana coral, circular y por remate una barbicana en medio círculo. A los costados de la puerta, contrastan los arranques de las torres, chapeados de cantera rosa. Al seguir el callejón, fuimos sorprendidos por la portada lateral, encerrada por arcos arbotantes, el primero y el segundo de tres.

Portada enmarcada por insólitas columnas estípites con elaborados nichos con santos. Arriba del arco, un admirable alto relieve del joven Agustín, recostado cómodamente sobre el césped del jardín, ambientado por cipreses, en el momento de su conversión al cristianismo, escucha al ángel decir: “Tolle et lege” (sobre la cinta ondulante), toma y lee, palabras que le motivaron a leer la biblia y convertirse. Las palabras fueron inscritas al revés. Cuando el evento milagroso sucede, un querubín toca su trompeta, dos ángeles su guitarra y dos querubines contemplan el momento, al igual que un sol con rostro humanoide. El friso con volutas y la cornisa con un angelito. Arriba una ventana vertical, animada por volutas y medias almenas, rematada por un arco en medio punto.

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