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Viernes, 16 de Noviembre 2018

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Pedir firmas

El desinterés hacia la política de la sociedad civil, crea un vacío donde los malos políticos son libres de seguir haciendo de las suyas

Por: Ana Gabriela González

Ana Gabriela González es Maestra en Administración Pública y Licenciada en Política y Administración Pública. ESPECIAL

Ana Gabriela González es Maestra en Administración Pública y Licenciada en Política y Administración Pública. ESPECIAL

Durante 40 días caminé el Distrito 6 en Zapopan para conseguir las firmas necesarias para ser Candidata Independiente a Diputada Local. La meta era lograr 3,070 firmas con al menos 1% de la lista nominal en 84 de las 165 secciones electorales del Distrito 6. Se dice fácil, no son tantas. Y aún así, fue sólo hasta el día 37 en la noche que supe que nuestro equipo las alcanzaría. Si fuiste una de esas más de 15,000 personas que en 40 días me dijeron que “No”, te quiero dar las gracias. Gracias a ti, tomé consciencia del tamaño del reto al que nos enfrentamos.

Las instituciones y los partidos políticos en México forman un sistema corrupto y quebrado, y son en parte causa de serios problemas como la impunidad, la injusticia, la violencia, o la pobreza y la desigualdad. Creo que esta es una frase con la que muchos estarán de acuerdo, pero más interesante es preguntarse  ¿Por qué no tenemos las instituciones públicas y los partidos políticos que nos merecemos y necesitamos? Existe un serio problema de cultura política y falta de organización ciudadana, que surge de la decepción y el hartazgo en contra de los malos políticos, pero que, curiosamente, termina funcionando en beneficio de éstos. Me refiero a que el desinterés hacia la política, y por consiguiente la falta de organización de un buen sector de la sociedad civil, crea un vacío donde los malos políticos son libres de seguir haciendo.

Quiero contarles algunas de las experiencias que tuve recolectando firmas, porque creo que son ejemplos elocuentes del problema al que me refiero. De entre aproximadamente quince mil personas que me dijeron que no, unas ocho mil eran mujeres. Muchas de ellas me dijeron que no porque estaban muy ocupadas realizando tareas domésticas. A esas mujeres les digo: si cuando toqué a tu puerta estabas ocupada cocinando, lavando, limpiando, cuidando a niños o a personas enfermas, entiendo que me dijiste que no porque los roles de género ponen una sobre carga del trabajo doméstico en las mujeres, que te impide tener el tiempo para ejercer tus derechos democráticos. Te entiendo y debemos trabajar para que los hombres compartan más la carga doméstica y esto te libere un poco más de tiempo.

En otras ocasiones, por ejemplo, pidiendo firmas en San Juan de Ocotán, nos dijeron que “no” porque ya habían firmado por un “independiente de Movimiento Ciudadano”, que presuntamente les había dado pintura y les había dicho que ya no le dieran la firma a nadie. Fue muy preocupante ver el nivel de confusión de los ciudadanos. A muchos les preguntaba, “¿A cuál aspirante independiente le firmó?”, “No, pues no lo sé, sólo me dijeron que ya no firmara”. En otros momentos, por ejemplo, en las colonias de Santa Margarita, la Tuzanía y Santa Lucía, me dijeron que no me podían firmar porque en su partido les habían prohibido firmar por un aspirante a candidatura independiente. A esos ciudadanos les digo: si me dijiste que no porque tu partido te prohibió dar firmas a los aspirantes a candidaturas independientes, voy a luchar para que puedas vivir en una sociedad donde nadie restrinja tus derechos democráticos.

De los casos más extraños eran aquellos donde al pedirles su firma, me decían, “¿Qué me vas a dar por mi firma?”. “Las gracias” respondía tranquilamente, aunque por dentro estaba que ardía. Luego me explicaron que el PRI supuestamente les da 500 pesos por cada vez que les dejan sacar copia o escanear la credencial de elector “en un aparato igual al que usted trae”. La otra cara del sistema político mexicano de partidos es esta: la del ciudadano acostumbrado a recibir “algo” a cambio de participar.

De los casos que más tristeza y frustración me provocaron fueron las mujeres que me decían que “no” porque al preguntarles “¿Acepta darme el apoyo ciudadano de su firma?” primero volteaban a ver su a pareja y me decían “no, mi esposo dice que no”. Si me dijiste “no” porque tu esposo o pareja te dijo que no firmaras, te comparto que toda mi vida la dedicaré a contribuir a que las mujeres vivamos libres de machismo, para que puedas ejercer tu ciudadanía libremente.

A ti que me dijiste que “no” de una manera un poco violenta, diciéndome que “todos somos iguales”, que “sólo quiero robar”, que “siempre es lo mismo con los políticos”, que “estoy perdiendo mi tiempo” al pedir firmas, te quiero decir que entiendo muy bien por qué te sientes así, sin esperanza de que sea posible hacer las cosas distintas y que haya un cambio. La política en México está inmersa en un círculo vicioso en el que dedicarse a ella significa lo peor en este país. El ambiente de la política y los juegos de poder de los partidos generan una dinámica rapaz, donde lo único que importa es ocupar puestos, y lo de menos es representar, gobernar y servir dignamente a la ciudadanía. Es un ambiente podrido, que expulsa o repele a las mejores personas que podrían ocupar cargos de toma de decisión y donde sólo permanecen (salvo contadas excepciones) aquellos que efectivamente son corruptos.

Si me dijiste que “no” porque no confías en el Instituto Nacional Electoral (INE) quiero decirte que lamento mucho que nuestro país esté en una situación de inseguridad en la que es normal no confiar en nuestras instituciones democráticas. Muchas veces en las calles pensaba, “pues claro, si se me acerca una extraña, me dice que le de mi firma y le deje escanear mi credencial de elector con su teléfono, probablemente yo tampoco hubiera firmado”. Necesitamos encontrar mecanismos de participación ciudadana para pedir firmas, que sean menos rígidos y aparatosos, que inviten a los ciudadanos a tener confianza y participar.
Asimismo, me pareció muy preocupante la cantidad de veces que en universidades, centros comerciales y fraccionamientos nos corrieron por estar pidiendo firmas. Esta acción constituye una violación a los derechos civiles y democráticos de las personas, además de inhibir la organización ciudadana que tanto necesitamos para mejorar nuestra comunidad. Pedir firmas no es proselitismo político, porque no es pedir el voto, es un ejercicio democrático indispensable para la organización de la ciudadanía. Debemos garantizar el derecho de los ciudadanos a organizarse en este tipo de espacios.

En pocas palabras, tras 40 días de recolectar firmas entendí que el enorme reto que enfrentamos es redefinir la política en México como un diálogo entre personas y grupos, como una herramienta de negociación para la organización ciudadana local. Aprendí que el primer paso para redefinir la política y organizarnos es hablar con nuestras vecinas y vecinos. En este contexto, pedir firmas es una forma de participación ciudadana que tenemos para vivir y fortalecer nuestra democracia; una invitación a participar de un esfuerzo colectivo, que fortalece una causa ciudadana. Por esta razón, pedir firmas va más allá de las candidaturas independientes.

Es una manifestación de una nueva cultura cívica, donde cualquier persona puede interesarse en un tema y, a través de la recolección de firmas, no sólo impulsarlo dentro de su comunidad, sino también presionar a su gobierno para que actúe y transformar nuestra realidad.

Finalmente, si fuiste una de esas más de 3,070 personas que me dijeron que “Sí” en tu casa, en la calle, en tu trabajo, en tu escuela o en la fila del camión, te quiero dar las gracias de todo corazón. Gracias a ti, y si las autoridades electorales lo permiten, podré participar en las elecciones del 2018.

YR

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