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Lunes, 11 de Diciembre 2017

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Suplementos | Su nacimiento se convirtió en uno de los acontecimientos más destacados para la ciencia

Paricutín, el volcán más joven

Considerado como uno de los tesoros más bellos de nuestro país, su nacimiento se convirtió en uno de los acontecimientos más destacados del siglo XX para la ciencia, y con el tiempo, también para los turistas
Su vieja arquitectura colonial, de la que se distingue apenas la parte superior de la parroquia, ahora se refleja en un eco ruinoso. EL INFORMADOR / J. Monroy

Su vieja arquitectura colonial, de la que se distingue apenas la parte superior de la parroquia, ahora se refleja en un eco ruinoso. EL INFORMADOR / J. Monroy

GUADALAJARA, JALISCO (22/ENE/2017).- Pareciera que los volcanes han estado desde siempre en el mismo lugar donde los observamos, colocados sobre la Tierra desde la misma concepción del planeta... inmóviles, furiosos e impredecibles. Sin embargo no son eternos, pues los mexicanos podemos “presumir” el tener en nuestro territorio un volcán que es prácticamente un recién nacido: El Paricutín.

Como todo parto, el nacimiento de un volcán es un acontecimiento sorprendente, aunque en el caso de este fenómeno natural, su llegada al mundo incluyó fuego, temblores y la destrucción de dos municipios: Paricutín y San Juan Parangaricutiro. Fue un 20 de febrero de 1943 cuando en punto de las 17:00 horas se comenzaron a sentir violentos movimientos y estruendos bajo el suelo. La actividad fue aumentando día con día, ante la indiferencia de los habitantes (que estaban acostumbrados a los temblores), hasta que del suelo vieron salir lenguas de fuego...y ahora sí, a correr.

Buena parte de quienes vivían en San Juan alcanzaron a huir, y a la distancia observaron inermes cómo su pueblo, fundado en 1533, se hundía en un mar de lava y fuego, tras la erupción que enmarcó el nacimiento del Paricutín. Nuevo San Juan Parangaricutiro se fundó a 30 kilómetros de  donde se encontraba su antiguo asentamiento, y se ganó con toda justicia el apodo del “pueblo que se negó a morir”.

No hay una experiencia que se compare con la de pasear por lo que queda de “San Juan Viejo”. El silencio que hoy impera en sus irregulares senderos contrasta con el estruendo que hace 74 años se sintió en sus calles. Su vieja arquitectura colonial (de la que se distingue apenas la parte superior de la parroquia) ahora se refleja en un eco ruinoso, pero bellamente enmarcado en un mar de gigantescas formaciones pétreas de diversos tamaños y que constituyen un enigmático paisaje de color negro y ocre.

Desde aquella explosión hasta nuestros días, el Paricutín permanece en un inquietante silencio (muy diferente al de su primo mayor, el Volcán de Colima). De ser un peligro, ahora es considerado uno de los muchos atractivos turísticos que tiene Michoacán.

Lo cierto es que de vez en cuando, desde lo más profundo de la tierra, se siguen sintiendo suaves temblores en la zona, que nos recuerdan que estamos parados sobre un planeta vivo, siempre dispuesto a recordarnos que los volcanes no han estado aquí desde siempre.

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