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Suplementos | Bernardo Esquinca continúa con 'Carne de ataúd' una saga en donde describe la nota roja

La literatura contra la realidad

Bernardo Esquinca continúa, con 'Carne de ataúd', la saga que comenzó con 'La octava plaga', en la que el periodista Eugenio Casasola es testigo de su tiempo
Convertido en uno de los escritores de novela de terror más importante del país, Bernardo Esquinca vuelve sobre su personaje. ESPECIAL / A. Pérez

Convertido en uno de los escritores de novela de terror más importante del país, Bernardo Esquinca vuelve sobre su personaje. ESPECIAL / A. Pérez

GUADALAJARA, JALISCO (15/ENE/2017).-  Convertido en uno de los escritores de novela de terror más importante del país, Bernardo Esquinca vuelve sobre su personaje clásico, Eugenio Casasola, un periodista de nota roja en tiempos del surgimiento de la prensa amarillista; además de retratar de nuevo su mayor obsesión, la Ciudad de México, particularmente la de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.  

Con “Carne de ataúd”, Esquinca planta la tercera obra de la saga que comenzó con “La octava plaga” y continuó con “Toda la sangre”. Ahora el narrador tapatío se centra en la figura de Francisco Guerrero Pérez,  “El Chalequero”, un asesino serial que estuvo preso 20 años y que salió para volver a cometer los mismos crímenes. Este México violento, irreductible y en una transformación constante es el escenario de la novela.  

En entrevista, lo primero que sentencia el narrador es que la realidad, la de todos los días, le es inservible para su oficio. “No me gusta la realidad tal cual es, para mí como escritor no tiene ningún sentido intentar imitar la realidad para empobrecerla, entonces si de algo sirve la literatura es para cobrar venganza de la realidad que a veces es tan burda, tan prosaica. Yo parto del mundo real, me baso en algo muy concreto que es la Ciudad de México, que es mi obsesión, en particular su Centro Histórico, parto de ese escenario real para trastocarlo con la fantasía”.  

Y es que si bien la obra se sitúa en una Ciudad de México tangible, el escritor la desordena y le da una nueva forma, un nuevo sentido, tanto en el género narrativo como en la imagen de la capital del país. “Suelo hacer una mezcla de novela policíaca con el género negro y el de terror, me siento muy cómodo con esta mezcla porque como lector es lo que disfruto, cuando encuentro un autor que mezcla géneros me gusta mucho, entonces busco hacer esto como escritor.

Para poder narrar me sumergí en el Archivo General de la Nación; además de la documentación que tuve que hacer para reconstruir la historia, hay una parte muy importante de caminar por las calles de la ciudad en la que a pesar de la gran destrucción de patrimonio que ha habido sigue prevaleciendo una gran cantidad de edificios antiguos, y en caso concreto de ‘Carne de ataúd’, hay muchos escenarios de esa época a la trama, por ejemplo, la cantina El Gallo de Oro, que es una cantina que tiene más de 100 años que aún se conserva”.

Esquinca ha ahondado y horadado la historia, otra de sus obsesiones. Sin embargo, como fabulador que es, abreva de ella para superponer elementos nuevos, crear universos narrativos ajenos a la historia verificable. En “Carne de ataúd” permea el hecho cierto del asesino serial conocido como “El Chalequero”, también los vestigios de un país que existió y fue documentado, el surgimiento de una nueva forma de hacer periodismo y de contar el día a día. De todo ello se vale para punzar sobre otros temas, que están ahí, pero como los fantasmas, sólo los percibimos sin poder palparlos. Violencia, degradación, corrupción, crimen y desigualdad son los temas que persiguen al escritor, aunque él mismo trate de escapar de ellos.

“Es muy curioso, me han comentado diversos lectores que encuentran muchas similitudes del Porfiriato con la época actual. Yo no busqué hacer este comentario político, por decirlo de alguna manera, mi intención principal fue recrear esa época y situarme en ese tiempo porque quería tener una verosimilitud con los personajes, porque aunque narre cuestiones ficticias y fantásticas, de todos modos hay que construir una atmosfera verosímil. Pero ya viéndolo a la distancia sí puedo darme cuenta que hay muchas similitudes del México actual con el país que era entonces.

Porque de lo que yo hablo en esta novela es de feminicidios, de represión a la prensa, de corrupción, elementos que por desgracia siguen con una vigencia aterradora. Más bien creo que un escritor aunque hable del pasado o del futuro, lo que hace siempre es hablar del presente desde otro ángulo”.

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