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Martes, 25 de Septiembre 2018

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En Taquile se vive en el pasado

La vida de los taquileños sigue transcurriendo tal como en el siglo XVI cuando Carlos V “concedió los derechos de la isla

Por: Pedro Fernández Somellera

La belleza del lago Titicaca desde la isla de Taquile. EL INFORMADOR/ P. Somellera

La belleza del lago Titicaca desde la isla de Taquile. EL INFORMADOR/ P. Somellera

Como si estuviera naciendo de las aguas azules del lago Titicaca allá en el Perú, la pequeña Isla de Taquile (Intika en quechua) sobresale como un pico más de los enormes Andes que en épocas lejanas y en medio de grandes cataclismos surgieron desde el mar. Eones más tarde, cuando esta enorme olla recogió los sorprendentes torrentes de agua que en esos tiempos caían del cielo mitigando el clima del planeta, fue que surgió el formidable y profundo Titicaca -endorreico por supuesto- que tira sus aguas al lago Poopo, que más tarde irán al salar Coipasa, sin nunca llegar al mar.

La isla de Taquile, elegante, sobria y casi vertical, se eleva unos 140 metros sobre las aguas del lago; y si a esto se le agregan los 3mil 950 metros a los que se encuentra el espejo del agua, fácilmente averiguaremos por qué se suda la gota gorda subiendo los 560 escalones con los que nos da la bienvenida (a los 4,050 metros de altura) la tranquila y antigua población que plácidamente se deleita con la claridad de su atmósfera, con la belleza de sus paisajes, la bonhomía de sus gentes aferradas a sus antiguas tradiciones, mientras gozan del excelente clima que las clarísimas aguas logran conseguir aún a esas alturas.

Bien trazados caminos peatonales de piedra volcánica transcurren entre las súper cuidadas terrazas de cultivos de papa, quinoa, habas, ejotes  y vegetales de consumo diario, que son cultivados a mano ayudados por curiosas herramientas manuales y artesanales hechas con ramas escogidas por su forma, a las que se les adapta una cuchilla de metal para penetrar en la tierra.  

A tan solo 35 kilómetros de la ciudad de Puno en la orilla peruana del lago, la vida de los taquileños sigue transcurriendo tal como en el siglo XVI cuando Carlos V “concedió los derechos de la isla” a un tal Rodrigo de Taquile quien, al tiempo de tomar posesión obligó a sus habitantes a adoptar los hábitos y las costumbres de sus tierras tan lejanas.

Estas costumbres penetraron tan profundamente en la esencia de estas gentes, que los mismos pantalones que a la fecha visten los hombres son irremediablemente negros, rematados con una impecable camisa blanca con bordados, que es fajada con una cinta roja decorada que misteriosamente oculta la romántica “faja fuerte”  ¡tejida nada menos que con algodón y pelo de la mujer amada! Un elegante chaquetín corto y negro cubre la camisa haciendo resaltar al clásico chullo (gorro) tejido de vistosos colores rojos que, si está rematado por una larga cola blanca que cae sobre los hombros con una vistosa borla, significa que es soltero; pero si está decorada con tejidos rojos y negros… significa que “el Don” ya pasó por el casorio.

Los bellos tejidos de Taquile, han sido catalogados por la UNESCO como patrimonio cultural de la humanidad; y curiosamente su confección está ¡a cargo de los hombres! quienes orgullosamente pasan todo el día tejiendo “en redondo” con una singular técnica de cinco agujas, mientras platican, caminan y discuten en el taller, en la plaza, en público o en privado, sin dejar ni por un momento sus tejidos que claro… poco a poco van creciendo.

Estas vistosas vestimentas “del diario” solo las  cambian por ropa de trabajo cuando se dedican a la siembra o cultivo de las viejas terrazas construidas siglos antes en los terrenos casi verticales de la isla.

Las mujeres invariablemente visten faldas negras que ocultan las múltiples enaguas de vistosos colores bajo ellas. Una camisa blanca igualmente bordada y un mantón negro a manera de rebozo, es lo que usan para cubrirse del penetrante sol de esas alturas, o del frío que suele ser igualmente intenso. La luz eléctrica solo surge ocasionalmente de algunos escasos paneles solares; velas y quinqués es lo que es del uso diario. Esto me recordó aquella frase que dice que… “el progreso es la forma actual de complicar las cosas”.

Aunque la pesca, los tejidos y la agricultura son la base de su sustento, el turismo -que afortunadamente está siendo muy bien manejado y dosificado- forma una buena parte de la economía taquileña.
Taquile es un “garbanzo de a libra” para  incluirla -siendo respetuosos de sus costumbres- en algún exótico programa de nuestros futuros viajes por América del Sur.   

YR

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