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Proponer en solitario

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Es verdad lo que hace unos días, mencionaba en su cuenta de face el cantautor Alvaro Abitia, aquello de que los proyectos culturales realmente independientes son para gente valiente. Es verdad. Alvaro es un creador al que la vida le ha dado autoridad para hablar sobre esto.

Personalmente no puedo decir que en términos de gestión un Festival de Cine & Arte, como el que dirijo desde hace cinco años, sea un proyecto absolutamente “independiente”. Este festivalito ha contado con el apoyo de instancias de gobierno —entre otras—, ha habido recurso económico —un poco por aquí, un poco por allá, un intercambio por acullá—, pero la verdad es que cada año, el recurso es menos. Es como si cada año, cada edición se tuviera que reinventar la fórmula. Pero antes de la queja, me viene a la cabeza esta imagen de la gente fuerte. Hago retrospectiva y me detengo en los extrañísimos especímenes que gustan de armar proyectos a cambio de nada. O a cambio de un capital intangible. O a cambio del  “no hay dinero” pero lo hacemos con mucho amor. O a cambio de seguir haciendo camino. Todos, tristes solitarios bucaneros, fuertes, solos.

Quienes han estado en el ámbito de la cultura y el arte, y cuentan con cierta trayectoria, saben de lo que hablo. Es verdad que cualquiera de nosotros cuando inició, tuvo que pagar el derecho de piso, pero lo que es inaúdito es que a nivel institucional o administrativo gubernamental se sigan moviendo toda una estructura para construir una millonaria carretera —que ya desde hace mucho venía haciendo falta, dicen— y para la educación, el arte y la cultura nos seguimos moviendo solos, solos y nuestra alma nosotros los artistas. Pero nos quejamos de la falta de educación, de la falta de civilidad en los jóvenes, de la falta de herramientas emocionales, de la delincuencia, de las adolescentes embarazadas (uno de los principales problemas que tiene México), del padre golpeador, del machismo, de la madre telenovelera, de Julión Alvarez, de la ignorancia, del “haiga”, del “vistes”, del “ey”, de que la de al lado te echa el carro encima, de que el vecino vive en el chat, de que el hijo vive en el face, de que el primo adolescente no quiere trabajar pero aspira a ser director de cine.

Y yo les pregunto: ¿Pues entonces cómo?

Cómo podemos quejarnos de todo lo anterior, si no volteamos a ver lo elemental, lo básico: la sensibilización, la observación, el diálogo, la reflexión, la creación, la construcción, la vinculación.

Fundar y dirigir un Festival de Cine en un pueblo me ha hecho entender dos cosas: La primera es que debemos seguir contando historias de boca en boca, la segunda, los proyectos independientes o no nacidos dentro de las instancias solo son dirigidos por gente muy fuerte y tienen una duración corta. Gracias.

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