Martes, 26 de Octubre 2021

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La espuma de las páginas

Por: Antonio Ortuño

   La Feria Internacional del Libro de Guadalajara ha anunciado, hace un par de semanas, que el Homenaje al Mérito Editorial de este año del señor 2017 será rendido al editor español Juan Casamayor, fundador y animador, junto con Encarni Molina, Paul Viejo y otros más, de Páginas de Espuma, el sello emblemático del cuento en lengua castellana en nuestro tiempo.  

    Esta es una buena noticia en varios frentes. El primero, que me apresuro a confesar, es personal: mis tres libros de relatos han sido publicados por Páginas de Espuma y, a estas alturas, tengo el gusto de contarme como amigo de sus editores más allá de todo vericueto literario. Al margen de ello (que al lector puede darle perfectamente igual, si así lo prefiere), el asunto de fondo es que la editorial se ha convertido, a veinte años de su aparición en el mercado, en un baluarte del relato breve frente a esa suerte de blitzkrieg impulsada, sobre todo, por los grandes grupos, para imponer la novela como el único género literario “vendible”. Páginas de Espuma ha lidiado en el centro de la primera fila de esa resistencia que las casas independientes han organizado, a lo largo de los años, en torno al cuento. Y, hasta ahora, ha salido bien librada en el combate.   

    Así, pues, el sello se ha especializado en ir a contrapelo. Si bien no todo lo que publica es cuento (hay ensayo y del bueno, lo mismo que libros de divulgación científica o reflexión sobre cine), sí que es verdad que lo más emblemático de su producción ha sido y es el cuento. La apuesta se apoya en dos pilares fundamentales: uno, las ediciones de algunos de los principales clásicos del género, bien traducidos (si corresponde), comentados y anotados y, por lo general, al completo: Poe, Chejov, Zolá, Schwob, Pessoa, Balzac, Maupassant, Panero, Unamuno. Y el otro, claro, lo conforma un puñado de autores indispensables del cuento actual en español a ambas orillas del Atlántico: Neuman, Schweblin, Obligado, Tizón, Iwasaki, Giralt Torrente, Shua, Merino, Paz Soldán, Torres, Correa Fiz. Y, desde luego, tampoco falta allí una importante legión mexicana: Samperio, Arriaga, García Bergua, Padilla, Nettel, Volpi, Serna, Chimal, entre otros. Este catálogo va mucho más allá de un listado de nombres, es una suerte de tablero de navegación del género en dos dimensiones: la clásica y la contemporánea.  

    ¿Cuál es el secreto de Páginas de Espuma? Que ha demostrado que la independencia no equivale a falta de rigor ni a falta de trabajo. En vez de tirarse a la hamaca y quejarse por falta de apoyos, los editores del sello han trabajado como posesos para colocar sus títulos entre libreros, cadenas y prensa, para atraer autores, tanto consagrados como nuevos, para hacer presencia en sitios en que un sello pequeño tiene que esforzarse diez veces más que uno grande para destacar.  

    De un buen editor cabe esperar un criterio exquisito y un trabajo impecable. Si se le combina con la ética de un trabajador, el resultado crece exponencialmente. Un homenaje más que merecido.