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Martes, 25 de Septiembre 2018

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El poder de los abogados

Por: Sergio Aguirre

El poder de los abogados

El poder de los abogados

Antier, el Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México (INCAM) presidido por don Alfonso Pérez-Cuéllar Martínez, la Asociación Nacional de Abogados de Empresa, Colegio de Abogados (ANADE Colegio) dirigida por don Alfonso Guati-Rojo Sánchez, y la Barra Mexicana Colegio de Abogados (BMA) guiada por José Mario de La Garza Marroquín, los tres más serios e importantes de México, constituyeron el Consejo General de la Abogacía Mexicana (CGAM).

La ANADE Colegio, se creó en 1970 con la finalidad de agrupar a abogados internos y externos de empresa para impulsar, promover y facilitar el intercambio de información, experiencias, conocimientos, métodos y técnicas con enfoque empresarial, además de fomentar vínculos de amistad, cultura y de relaciones familiares entre sus miembros. 

Por su parte el INCAM, el colegio más antiguo de México y Latinoamérica (1760, confirmados sus estatutos por el Rey Carlos III, con funciones mutualistas, actos de piedad y para elevar el nivel de la práctica), si bien con varias modificaciones a los mismos por sus fines, adecuándolos a las circunstancias históricas, como la independencia y demás, permanece. Entre sus hechos recientes, se puede destacar el patronazgo de la Escuela Libre de Derecho (ELD) en 1912 —quizá la institución impartidora del Derecho en nuestro país con mayor prestigio—, tal como abrieron las puertas en 1808 a la Academia Pública de Jurisprudencia Teórico Práctica y Derecho Real Pragmático. 

La BMA —a la cual pertenezco en su Capítulo Jalisco, recientemente autorizado como colegio local—, nació en 1922 con cuatro metas. La mutualista al igual que el INCAM, consistente en defender los intereses individuales y colectivos de los asociados como un grupo de ayuda mutua. Luego, vigilar la conducta ética y velar por el decoro y dignidad de la abogacía. También vigilar la correcta aplicación del derecho y el respeto a la justicia. Y fortalecer la cultura legal en el país, queriendo desde siempre ser la conciencia jurídica de México.

Los tres son de excelencia. Me consta. Además, se comprometen todos con la ética profesional, bajo quizá la utópica idea de dignificarnos. Quieren ser nacionales y dos ahí la llevan. Y certifican a sus asociados con rigor, si bien solo en Jalisco pronto ese requisito será obligatorio para fungir como abogado. Pero es muy reciente el entendimiento y acciones reivindicatorias de la relevancia de nuestra profesión, de los tres para otras cosas también muy interesantes. Sus buenos liderazgos forjados por años han tenido una beneficiosa coincidencia de madurez. Han firmado convenios con la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), el sindicato patronal casi único y más importante del país, y con medio mundo. Y con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la cúpula de cúpulas de las organizaciones empresariales. ¿Y el Consejo Mexicano de Negocios (CMN), —y no les platico cómo se llamaba antes—, me preguntarán? Pues es la fresada de la fresada, y por supuesto, tiene voz y voto (son poquitos esos) dentro del CCE. Y no hablo de las alianzas internacionales de los tres colegios porque no acabo.

Los tres como ya dije antes (https://goo.gl/MECfsd), lograron y pactaron con el CCE el por lo menos contratar a abogados certificados y vigilados éticamente mediante su “Código de Integridad y Ética Empresarial”, algo para mí antes utópico pero cumplido. 

El Derecho es el reverso del poder y el poder en el reverso del Derecho. Cosa a veces no entendida. De ahí la importancia de la creación de esa unidad de colegios de primera línea en sus fines y principios. Diferentes, pero hacía lo mismo: La lucha por el Derecho.

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